Desde su aprobación en 2015, la agenda para el desarrollo sostenible ha convocado a los países a repensar el actual modelo de desarrollo y a hacer las transformaciones necesarias para erradicar el hambre y la pobreza.
Esta agenda plantea la necesidad de que los jóvenes se posicionen al centro del debate y de visibilizar su potencial para alcanzar el desarrollo sostenible en América Latina, donde representan el 25% de la población rural y el 19% del total de jóvenes. Estos 30 millones de jóvenes rurales, de entre 15 y 29 años, pueden marcar la diferencia en la revitalización de las economías locales, en la innovación, en el fortalecimiento de las organizaciones sociales, en la gestión de los recursos naturales y en la construcción de políticas públicas para el desarrollo de los territorios rurales.
Sin embargo, se enfrentan a mayores desigualdades que sus pares urbanos, situación que se agrava en el caso de las mujeres jóvenes indígenas. Además, aspectos como el limitado acceso a la educación, la informalidad del mercado laboral y la falta de oportunidades en el campo los orillan a migrar a las ciudades.
Los países de la región, con el apoyo de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés), han avanzado en importantes procesos para revertir esta situación.
Esta semana jóvenes rurales y representantes de ministerios e instituciones relacionadas con la juventud de América Latina y el Caribe, se reunieron en Panamá, para construir una agenda regional de desarrollo por la juventud rural, con miras a un modelo de desarrollo que no deje a nadie atrás.
El autor es coordinador de la FAO para Mesoamérica