Determinar en un mapa dónde está Ruanda puede ser difícil pero recientes historias sobre el tesón de su gente y tanto más cuando se trata de la tenacidad de sus mujeres inspiran a soñar. Una de estas inspiradoras féminas fue Felicula Nyiramtarambirwa, una irreverente monja que se atrevió a promover la apertura de cuentas bancarias sin el consentimiento de las parejas masculinas y a acabar con la costumbre de negociar matrimonios a cambio de tres vacas. Felicula nunca se detuvo hasta llegar al congreso de Ruanda.
¿Qué tenemos que hacer para tener ese nivel de vocación en los miembros del congreso panameño? Salvo contadas excepciones, la representación del pueblo en dicha asamblea dista enormemente de la propuesta de cambios reales que anhelan los ciudadanos llevando al actual escenario en el que la esperanza flaquea.
Me resisto a dejar de soñar en una Asamblea de diputados auténticamente representativa que pueda alinear objetivos más grandes que agendas de intereses partidistas; que sea capaz de cuestionar negociaciones de concesiones portuarias, mineras y energéticas; que incomode al Ejecutivo cuando se midan avances socioeconómicos en virtud de 4,180 solicitudes de créditos aprobados en una feria inmobiliaria mientras uno de cinco panameños vive en algún tipo de pobreza.
Puede que suene romántico pero, fríamente hablando, necesitamos perfiles en la asamblea como el de la monja Felicula en Ruanda; gente de espíritu indomable, inquebrantable ante las tentaciones económicas que, años después, inspiraría a otra mujer irrepetible, Jacqueline Novogratz a dejar su vida de banquera para fundar Acumen, el fondo de impacto social más relevante del planeta. Desconocemos cómo nuestro accionar puede inspirar la revolución que el mundo necesita.
Irónicamente el espíritu proponente de la Asamblea hoy lo personalizan dos de sus más jóvenes representantes en las figuras de Gabriel Silva y Juan Diego Vásquez. Sin temor a equivocarme, la brújula que apunta hacia nuevos horizontes con el recurrente sacrificio de estos novicios líderes inspirará cambios que irán mucho más allá de sus vidas, de sus tiempos.
El norte claro de una mujer ejemplar como Felicula Nyiramtarambirwa marcó un antes y un después en un país inmerso en brutales momentos de violento dolor. Ojalá ejemplos como éste incidan en el replanteamiento de la brújula moral que necesitamos con urgencia notoria en Panamá.
El autor es economista.
