El servicio de la deuda pública totalizó en el primer trimestre del año $1,614.1 millones, según un reporte de la Dirección de Financiamiento Público del Ministerio de Economía y Finanzas.
De ese total, $1,095.5 millones se destinaron a pagos de capital y $518.6 millones a intereses y comisiones.
Este último factor ha ido registrando un aumento en los últimos años, poniendo presión a los presupuestos estatales, ya que se trata de pagos que el Estado tiene compromiso de cumplir.
Según las estadísticas de la Dirección de Financiamiento Público, en el primer trimestre del año pasado el gasto en intereses y comisiones fue de $469.1 millones y hace dos años, en el mismo periodo de tiempo, fue de $434.7 millones.

Cuando el ministro de Economía y Finanzas, Héctor Alexander, habló en el Diálogo Nacional por la Caja de Seguro Social (CSS) uno de los aspectos que mencionó en relación al mayor peso del gasto corriente en los últimos años estaba directamente ligado al aumento de los intereses.
Se refirió a que en el año 2010, por cada dólar que recibía el Gobierno Central en ingresos corrientes, se gastaban entre 14 o 15 centavos en intereses.
En 2020, esa proporción pasó a ser de 21.4%, según las cifras mostradas por el propio Alexander en la mesa de diálogo.

El ministro explicó que ese salto experimentado en 2020 está vinculado a la caída de la producción.
Las restricciones a la movilidad y a la actividad económica impuestas por el Gobierno durante el año pasado en sus esfuerzos por contener la propagación del nuevo coronavirus provocaron un desplome de la economía y de los ingresos corrientes del Gobierno. Así que la caída de los ingresos y el aumento de los intereses deterioraron el indicador.
Esto no pasó inadvertido para las agencias de calificación de riesgo.
De hecho, cuando S&P Global Ratings rebajó la nota de riesgo soberano a Panamá de BBB+ a BBB se refirió en concreto a las presiones sobre los costos del servicio de la deuda.
Por su parte, Moody’s Investors Service, que fue la última de las tres grandes agencias internacionales en rebajar la calificación soberana de Panamá, también mencionó en su análisis que uno de los desafíos o debilidades de Panamá era el aumento en el ratio entre intereses e ingresos, superior al de países con similar nivel de calificación.
En una conversación reciente, Renzo Merino, analista de Moody’s, dijo que a pesar de que el costo de financiamiento del Gobierno se ha mantenido favorable, con el aumento de la carga de la deuda, el gobierno tendrá que gastar más en intereses.
Unido al mayor gasto en planilla y a las presiones que puedan surgir por la crisis de la CSS, el gasto en intereses fue uno de los factores citados por Merino al hablar de una tendencia de mayor rigidez en la estructura de gasto.
Cuanto mayor es el gasto en intereses y el resto de gastos operativos, menos espacio queda para las inversiones productivas, que son las que generan crecimiento económico y mejoran la calidad de vida de la población.
Al 30 de abril de 2021, el saldo de la deuda pública totalizaba $38,394 millones, es decir, $6,083.5 millones más que un año antes.
Al cierre de 2020, la relación entre la deuda y el producto interno bruto (PIB) se ubicó en 69.8%, desde el 46.4% del año anterior. Para este año, Moody’s espera que se mantenga en un porcentaje similar, con la expectativa de un aumento en el saldo de la deuda pero también en el PIB.
El financista Álvaro Naranjo señaló que, en la teoría, cuando los niveles de endeudamiento de un país sobre el PIB son muy elevados se corre el riesgo de que la recaudación se tenga que destinar a pago de intereses y no a inversiones.
A mediano plazo, la evolución de las tasas de interés en los mercados de capitales puede poner presión adicional a las finanzas.
Naranjo recordó que el país tiene importantes vencimientos de deuda en los próximos años que tendrán que ser refinanciados.
En sus últimas incursiones en el mercado, Panamá ha conseguido emitir con condiciones ventajosas, un reflejo de la confianza que depositan los inversionistas en el país y de la liquidez existente.
No obstante, en los últimos meses las tasas de los bonos de Estados Unidos, que se utilizan como referencia, se han movido al alza y los expertos auguran que esta tendencia se mantendrá.
También será importante la política monetaria de la Reserva Federal. “La expectativa es que mantengan las tasas bajas al menos hasta 2022 y de ahí subirlas lo necesario para no dejar recalentar la economía de Estados Unidos”, explicó Naranjo.
Para el analista, si la Reserva Federal eleva las tasas de interés de referencia, a Panamá le tocará refinanciar su deuda a tasas más altas, lo que se terminaría traduciendo en mayores gastos en intereses.

