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La locura de marzo

La locura de marzo

¿Cómo reaccionaríamos ante la advertencia de un evento que está por ocurrir y que alteraría nuestras vidas para siempre? En la antigua Roma, el 15 de marzo generaba expectativas en medio de buenos augurios por doquier.

A pesar de la advertencia del oráculo, Julio César decidió entregarse a las festividades del idus de marzo del año 44 A.C. terminando asesinado y dando pie al nacimiento del imperio romano con el fin de la república.

Para quienes amamos el deporte del baloncesto, el mes de marzo es especial ya que se celebra el torneo universitario de dicho deporte en los Estados Unidos de América, conocido en inglés como “March madness”, por lo inesperado de sus resultados enmarcados en emociones de alto volumen.

La universidad de St. Peters, por ejemplo, este año se ha metido entre los mejores 16 equipos del país a pesar de tener apenas 3,000 estudiantes y estar clasificado como el décimo quinto mejor equipo de su región. Esto ha ocurrido 3 veces en 40 años.

La locura de Julio César y de la universidad de St. Peters en marzo la hemos vivido antes incluso en Panamá. En marzo del año 2000, recuerdo congelarme frente a un televisor ante la erosión del 10% del valor de todo el mercado Nasdaq y el final de las famosas “dot.com”.

Hace apenas 2 años, marzo trajo la contracción económica más drástica en reciente memoria cuando el mundo caía rendido ante el embate de la pandemia provocada por la Covid-19.

¿Quién hubiera pensado que la locura de marzo llegaría a tocar los mercados de materias primas? El níquel no era más que un símbolo en las clases de química de escuela secundaria pero hoy resulta esencial en la confección de partes para carros o para aparatos tecnológicos.

El precio del níquel ha fluctuado de tal manera que algunas sesiones de los mercados internacionales han tenido que detenerse, incluso apagando el intercambio comercial de dicho metal por varios días.

Dicen por allí que todos tenemos algo de músico, poeta y loco. Para algunos, revoluciones enteras sólo son posibles si se asoma una pizca de supuesta irracionalidad. Contra viento y marea provocada por la locura corporativa desenfrenada, la Organización de las Naciones Unidas ha lanzado una iniciativa para acabar con la irracionalidad en el uso del plástico a nivel mundial. A veces hay que simplemente atreverse.

Y, mientras el plástico ahoga los océanos del planeta, la aparente irracionalidad de nuestros gobernantes de obviar el radical peligro que implica el colapso financiero de la Caja de Seguro Social amenaza la estabilidad económica de un país que tiene que enterarse que sus gobernantes pagan $200 millones de dólares por consultorías que ni ellos mismos recuerdan cómo se contrataron, para qué se usaron, qué beneficio acarrearon y, lo peor aún, qué seguimiento se le dio a las conclusiones de los sabios consultores.

“Cuídate de los idus de marzo” escribió el inmortal William Shakespeare en su obra “Julio César” como el grito desesperado de cautela ante lo inevitable. Hasta Shakespeare pensó en Panamá para que un marzo de locura traiga urgencia para actuar con más sensatez.

El autor es financista



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