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SECTOR PRIMARIO

La pandemia debe transformar la agricultura

La investigación agrícola puede desempeñar un papel crucial en la transformación de los sistemas alimentarios, haciéndolos más sostenibles y resilientes.

La pandemia debe transformar la agricultura
La agricultura usa grandes cantidades de agua dulce, representa un 30% de las emisiones de gases de efecto invernadero y destruye hábitats naturales para ganado y cultivos. Archivo

La pandemia de la Covid-19 debería impulsarnos a redefinir la manera en que nos alimentamos como humanidad. Hoy el mundo tiene ante sí una oportunidad única para adoptar medidas de largo alcance para promover dietas más sanas, motivar a los agricultores a producir una gama más variada de alimentos y fortalecer la colaboración entre los sectores agrícola, alimentario y de salud pública.

La investigación agrícola puede desempeñar un papel crucial en la transformación de los sistemas alimentarios, haciéndolos más sostenibles y resilientes.

Es evidente lo necesario del cambio. Para comenzar, las dietas poco sanas son uno de los principales factores de riesgo de fallecimiento por la Covid-19. El virus SARS-CoV-2 afecta desproporcionadamente a personas con sobrepeso, diabetes o con cardiopatías, todas ellas afecciones vinculadas a dietas de baja calidad.

Asimismo, el declive resultante de los precios de los alimentos entre enero y mayo de 2020 ha afectado profundamente el sustento de cientos de miles de pequeños agricultores.

Más aún, los cierres de restaurantes y escuelas, las disrupciones logísticas y la falta de mano de obra migrante han hecho que se desperdicien inmensas cantidades de producción agrícola. Muchos agricultores sienten una incertidumbre cada vez mayor sobre cuándo iniciar un nuevo ciclo de cultivos, aunque algunos productores altamente competitivos han prosperado: por ejemplo, las exportaciones brasileñas de soja a China alcanzaron un máximo histórico en los primeros cinco meses de 2020.

Sin embargo, considerando la fragilidad del sistema alimentario, cualquier contracción adicional de la oferta o restricción de las exportaciones podría revertir rápidamente las tendencias recientes de los precios y elevarse significativamente.

En efecto, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura estima que al menos 14.4 millones de habitantes de los 101 países importadores netos de alimentos podrían sufrir desnutrición como resultado de la crisis económica generada por la Covid-19. En un escenario extremo –la reducción de diez puntos porcentuales en el crecimiento del PIB real global en 2020- ese total aumentaría a $80.3 millones.

En consecuencia, en el corto plazo los gobiernos no solo deben proporcionar apoyo financiero a personas y empresas afectadas por la pandemia, sino también tomar medidas para prevenir una crisis alimentaria. En vez de interrumpir el comercio, las autoridades deberían facilitarlo, mejorando la coordinación y el intercambio de información entre productores y compradores de alimentos, especialmente en el nivel local.

Entre las medidas de más largo plazo se deben incluir hábitos de alimentación más saludables. En los últimos 60 años, las dietas globales se han vuelto más homogéneas y con un predominio cada vez mayor de alimentos básicos altos en energía y bajos en micronutrientes. Tres cereales (el arroz, el maíz y el trigo) proporcionan más del 50% de las calorías que los seres humanos obtienen de las plantas. La gente en general, pero principalmente los más pobres, no consumen suficientes alimentos con alta cantidad de nutrientes, como frutas, frutos secos, semillas y cereales sin procesar. Y cerca de 11 millones de personas mueren cada año a consecuencia de dietas poco sanas. Una gran prioridad es la identificación de cultivos nutritivos que se puedan reintroducir en las dietas. Por ejemplo, la quínoa, el fonio (un cereal altamente nutritivo para el que existe una creciente demanda) y la nuez africana bambara contienen proteínas de mejor calidad que la mayoría de los principales cereales y pueden crecen en ambientes difíciles. Si se estudian con mayor profundidad podría llegarse a mejores cosechas y menores precios, permitiendo que se vuelvan más disponibles.


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