VALOR RAZONABLE

La larga negociación

Cuando en 2016 el Reino Unido, mediante un referéndum legal (diferente a otro “referéndum”, entre comillas este, que presenciamos incrédulos en una región de otra gran nación histórica de la Unión, España) tomó la decisión colectiva de separarse de la Unión Europea, se inició un largo proceso que todas las partes reconocieron como arduo desde el principio y que aún se encuentra sin progresos.

Para ambos lados de la mesa de negociación, Londres y Bruselas (algunos dirían Berlín, y no les falta razón), las consecuencias de un error son potencialmente catastróficas.

Nos hemos acostumbrado a pensar en Europa como un adormecido destino turístico, demográficamente muerto, y se nos olvida que está construida sobre naciones que durante siglos se cortaron el cuello con fruición en una fértil hoguera creativa que le regaló al mundo esa idea que domeñó y unió al globo: Occidente.

Algo de ese fuego duerme en alguna parte y mal canalizado puede derribar el castillo de naipes azules.

A Londres le quita el sueño el acceso al mercado común europeo. La City londinense construyó su posición actual como cocapital financiera del mundo (la otra, Nueva York) blandiendo sus credenciales de puerta de acceso a Europa. A Londres le queda salvaguardar una relación económica funcional con el continente.

Para Bruselas su mayor preocupación es inconfesable. No tiene que ver con pataletas vulgares sobre facturas a pagar por compromisos adquiridos y que a la hora acordada el Exchequer liquidará sin pestañear por orden del Parlamento; y menos con el tema ordinario, por lo administrativo, de los derechos de los “ciudadanos europeos” que quieren vivir en Chelsea y no en el Sexto Arrondissement.

La preocupación de Bruselas es hacer la separación lo más dolorosa posible para Londres sin generar un rompimiento.

Una transición fácil para los británicos despertaría apetitos secesionistas en un entramado pan-europeo que por naturaleza se compone de elementos centrífugos.

Por lo pronto, el drama está en el Gabinete británico, con una primera ministra debilitada y con inclinaciones a quedar bien con todos, lo que no siempre es bueno, luchando por su vida bajo la sombra de esa figura telúrica, a la Oxbridge, que es Boris Johnson, l´enfant terrible de la política británica.

De este Juego de Tronos resultará la posición definitiva del Reino Unido en las negociaciones que le darán forma concreta a este divorcio continental. No es la primera vez que un asunto de verdadera importancia para el mundo se decide en los corredores de Westminster.


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