La pandemia del nuevo coronavirus ha tenido un fuerte impacto en la actividad económica, y esto se refleja en los préstamos nuevos concedidos por la banca.
Las empresas piden préstamos para invertir en proyectos, así como las personas lo hacen para adquirir sus casas, sus autos u otro tipo de planes personales.
Por eso algunos analistas señalan que hay una correlación directa entre el comportamiento del crédito y la economía.
En medio de la incertidumbre causada por la pandemia, muchos proyectos se han visto aparcados y desde marzo se ha venido observando una caída constante en los desembolsos efectuados por los bancos.
En el acumulado al mes de agosto se refleja una caída de 48.4% si se compara con el mismo periodo del año anterior, según la información de la Superintendencia de Bancos de Panamá.
Entre enero y agosto de 2019 los bancos desembolsaron $18,021 millones, y en el mismo periodo de este año la cifra se redujo a $9,304 millones.
Solamente en el mes de agosto, con un número importante de sectores económicos cerrados, los desembolsos de préstamos nuevos totalizaron $960.3 millones, un 64.7% menos que en el mismo mes del año anterior.
La menor concesión de préstamos y el vencimiento habitual de créditos anteriores provocó una caída en el saldo de la cartera local de crédito, que se ubicó en agosto en $54,406 millones, es decir, $821 millones menos que el mes anterior.
La principal fuente de ingresos de los bancos son los intereses que pagan sus clientes por los préstamos. Una menor generación de ingresos, unido a un notable aumento de las reservas, se ha traducido en menores ganancias para los bancos en este periodo.
En concreto, las utilidades del centro bancario internacional entre enero y agosto sumaron $864 millones, es decir, un 34.8% o $461 millones menos que lo registrado en igual periodo del año anterior.
En su reporte, el regulador señala que “las disminuciones más grandes en rentabilidad se han registrado en los bancos de menor tamaño”. Así, en el grupo de bancos con más de $3,000 millones en activos, la caída de la utilidad fue de 33.8%, mientras que en el grupo de bancos con activos por debajo de $1,000 millones, la reducción de los beneficios fue de 47.5%.
El regulador detalla que los bancos más grandes poseen una base de negocios más diversa, y el impacto de la pandemia ha sido más moderado que en los bancos de menor tamaño.
El superintendente de Bancos de Panamá, Amauri Castillo, comentó a este diario que el comportamiento de los resultados del sector en la segunda mitad del año dependerá del nivel de confianza del consumidor, de las posibilidades de recuperación del empleo y del nivel de consumo.
Castillo no descartó que haya bancos que incurran en pérdidas en un año “difícil”. “No debería extrañar que varios bancos vayan a reportar resultados negativos”, comentó.
Uno de los principales factores que inciden en los resultados de los bancos es la constitución de provisiones o reservas para cubrirse ante potenciales pérdidas esperadas.
Hasta agosto, los bancos habían reservado $631 millones, un 82.1% más que en el mismo periodo del año anterior. El 21 de septiembre entraron en vigor las disposiciones del acuerdo bancario 9-2020, que establece la constitución de una provisión equivalente al 3% del saldo bruto de la cartera de créditos modificados, aquellos que en este periodo de crisis han sido objeto de medidas de alivio y que acumulan un saldo de $26,318 millones. Esto hará que los bancos tengan que elevar su nivel de provisiones, lo que incidiría negativamente en los resultados.
La presidenta de la junta directiva de la Asociación Bancaria de Panamá, Aimeé Sentmat de Grimaldo, manifestó que el eventual deterioro del resultado de los bancos sería consecuencia de modelos que buscan proteger a los depositantes.
En el mismo sentido, Castillo señaló que “si las pérdidas se originan en gran medida porque el banco ha hecho su tarea de constituir provisiones, eso juega a favor del depositante”.
El efecto de la pandemia y de situaciones anteriores, como los crecientes costos en cumplimiento, tecnología y seguridad, podrían acelerar una tendencia que ya se viene marcando en el mercado en los últimos años a modo de fusiones y adquisiciones de entidades bancarias. Este fenómeno, que ya ha sido previsto por agencias de calificación de riesgo, sería favorecido por el regulador bancario. “Es un tema que el mercado debería encontrar esas avenidas”, dijo Castillo, aunque tampoco descartó que como medida preventiva se propicie esa consolidación en el caso de algunas instituciones.

Liquidez y estímulo
Desde que comenzó la crisis, los bancos han seguido estrategias para mantener e incluso elevar sus niveles de liquidez.
Según el regulador, no se prevé que los resultados tengan efectos adversos sobre la solvencia y la liquidez del sistema bancario, ya que la banca se encuentra en “una condición financiera más robusta en comparación con crisis anteriores”, con indicadores de liquidez y solvencia al doble de lo legalmente requerido.
Como medida preventiva, en el evento de que un banco tenga una necesidad puntual de liquidez y para propiciar el necesario estímulo a la economía a través del crédito, se creó el Fondo Especial de Estímulo al Sistema Bancario, bajo un contrato de fideicomiso entre el Ministerio de Economía y Finanzas y el Banco Nacional de Panamá (BNP).
El programa está dotado con $1,000 millones, obtenidos a través de préstamos con el Fondo Monetario Internacional y con los bancos Goldman Sachs y Société Générale, estos últimos con el respaldo del Organismo Multilateral de Garantía de Inversiones (MIGA, por sus siglas en inglés).
En principio, la mitad de los fondos se usaría para atender necesidades puntuales de liquidez de los bancos de licencia general del sistema.
Rafael Luck, subgerente general de Riesgo y Cumplimiento del BNP, explicó que al no tener la economía abierta del todo y con bancos con adecuados niveles de liquidez, la necesidad no sería actualmente tan grande, pero hacia finales de año sí podría crecer la demanda de estos recursos. Solo podrán acceder a estos recursos los bancos que tengan una necesidad puntual de liquidez y para eso la solicitud deberá ser analizada por la Superintendencia de Bancos, que verificará que la entidad no está ante un problema de solvencia. Si se diera ese caso, el banco no podría acceder a los recursos del programa de liquidez.
Los fondos no serán gratis, tendrán una tasa de interés indicativa de 3.25%, aunque Luck dijo que podría variar, y los bancos deberán entregar garantías.
El plazo de esta línea será de seis meses y, en ese tiempo, el banco que haya accedido a la parte de liquidez no podrá distribuir dividendos.
El otro programa está ideado para promover el crédito al sector productivo. De manera preliminar, Luck explicó que los bancos accederían a estos préstamos con un periodo de gracia de seis meses y plazos entre tres y cinco años, con una tasa de interés de alrededor de 4%. Como sucede en el programa de liquidez, el banco deberá poner instrumentos de garantía para respaldar el préstamo.
Uno de los requerimientos de MIGA es que un oficial del banco que acceda a los fondos de estímulo sea entrenado en materia medioambiental y social. Además, hay una serie de actividades que no pueden ser financiadas con estos recursos, como, por ejemplo, producción y comercio de armas; de bebidas alcohólicas, excepto cerveza y vino; producción y comercio de tabaco; industria del juego o equivalentes, entre otros.
