Durante cinco meses, el país ha estado confinado, con comercios al borde de cerrar e industrias en estado crítico.
A pesar de las políticas de encierro decretadas por el Gobierno, Panamá es el segundo país de América Latina, después de Chile, con la tasa más alta de contagios de la Covid-19 por habitantes, por lo que el confinamiento como eje central de las estrategias para combatir el coronavirus no funciona.
Básicamente, la economía formal ha estado cerrada; nos referimos a grandes industrias, comercios o restaurantes, mientras los ciudadanos pueden salir por apenas dos horas en días específicos, según su género.

Esta insostenible medida ha provocado que mucha gente opere por debajo de la mesa, algo que parecía predecible en un país en el que 40% de su población trabajadora está en el sector informal, más de 200 mil personas han quedado en suspensión laboral, y la ayuda financiera del Estado, para el que tiene la suerte de recibirla, cubre apenas el 30% de la canasta básica de alimentos.
¿Cómo Panamá podría salir del atolladero sanitario y económico en el que se encuentra producto de la Covid-19? ¿Qué podría hacer el país para que su economía no se siga erosionando? ¿Qué hicieron otras ciudades que pudieron salir del perverso espiral en el que se encontraban y cuyas desgarradoras imágenes de cadáveres en aceras y paradas le daban la vuelta al mundo?
No existe una receta única. No hay un tónico mágico que contenga el brote. Pero después de experimentar la muerte de miles de sus ciudadanos, la ciudad de Guayaquil, en Ecuador, le da lecciones a América Latina para el abordaje de la pandemia.
El 6 de abril, cuando Guayaquil registró el pico de muertes por la Covid-19, se contabilizaron 700 decesos por encima de los 38 muertes que habitualmente se dan en la ciudad en un día. El sistema sanitario colapsó y la economía se desplomaba, por lo que intervinieron las autoridades, los grupos sanitarios y el sector privado. Así las cosas, en 34 días se lograron disminuir a cero las defunciones por encima del promedio habitual.
Entre el 10 de mayo y el 7 de agosto, en 65 días de manera intercalada, Guayaquil registró cero muertes diarias por encima del promedio normal de antes de la pandemia.
Las frías cifras le han dado esperanza a la población de otras ciudades ecuatorianas que luchan con la pandemia y también a países vecinos.
“Cada día es una victoria y cada amanecer es el inicio de una nueva batalla”, dijo la alcaldesa de Guayaquil, Cynthia Viteri, durante un conversatorio organizado por la Ciudad del Saber en Panamá.
Hay que tener presente que el modelo político ecuatoriano tiene la ventaja de que funciona bajo un modelo de descentralización, con municipios empoderados en la gestión del tránsito, el agua potable y la infraestructura. Pero la salud, que es una responsabilidad que reposa sobre el gobierno central, quedó bajo una responsabilidad compartida durante los días de crisis. La alcaldía decidió volcar su presupuesto de inversión a atender la emergencia médica.
En Panamá, el Estado funciona de forma centralizada. Casi todo pasa por las manos y la aprobación del Órgano Ejecutivo, pero hay oportunidad de copiar algunas de las estrategias que han demostrado efectividad en Guayaquil.
Viteri advierte que en el momento más dramático de la pandemia no podían esperar a que los pacientes contagiados llegaran a los hospitales colapsados, por lo que un ejército de médicos llegaba casa por casa en búsqueda de las personas con síntomas.
Hasta el día de hoy, la ciudad permanece dividida en 17 sectores geográficos. Y cada sector tiene asignado 42 médicos en sitio.
Se invirtió en clínicas móviles para atender casos que no son Covid-19 y se asignaron 30 líderes comunitarios en cada uno de los sectores que están conectados a las brigadas de doctores.
Se visitan todos los días 400 familias compuestas por cerca de 1,600 personas. De esta forma, los líderes comunitarios y los médicos pueden detectar a las personas con síntomas iniciales de la Covid-19.

La idea es monitorear a los ciudades constantemente para evitar que lleguen a una unidad de cuidados intensivos.
Durante 120 días se repartieron bolsas con productos alimenticios y de desinfección. Se armó una brigada de bienestar animal y los bomberos pusieron a disposición de la ciudad 25 ambulancias que atendían a los enfermos que sacaban pañuelos blancos desde sus ventanas en señal de auxilio.
Viteri dice que se construyeron dos cementerios con 4 mil tumbas habilitadas, se levantaron dos hospitales y al mismo tiempo Guayaquil trabajaba en obras públicas, aprovechando que las calles estaban vacías, algo que ha activado la economía y pone a prueba los protocolos de seguridad de trabajadores y empresas.
En el caso panameño, es hasta la próxima semana que se reactivarán unos 80 proyectos de infraestructuras, entre obras públicas y privadas. Pero este sector, con más de 70 mil obreros de brazos cruzados, ha permanecido por más de cuatro meses prácticamente paralizado.
Guayaquil incluso ha abierto sus restaurantes, dándole a los empresarios la oportunidad de utilizar el espacio público para instalar mesas y que los comensales puedan consumir productos fuera de casa.
En Panamá solo es permitido el servicio por delivery, algo que apenas funciona para mantener a un 10% de la mano de obra de cada restaurante.
Todos los días se toman nuevas decisiones, dice Viteri. En esto parece radicar el éxito de lo que han hecho.
Empresas, vitales en proceso reconstructivo
La participación del sector privado ha sido clave en la reactivación de la economía de ese país.
Por un lado, ha mostrado su músculo en lo que respecta a la logística en la entrega de alimentos y productos de limpieza. Además, compró y entregó de forma directa los insumos médicos que necesitaban los habitantes del municipio. Y junto a la alcaldía, trabaja en la trazabilidad de los casos.
Juan David Morgan, presidente de la junta directiva de la Ciudad del Saber, reconoce que la situación de la pandemia en Panamá ha venido empeorando y “esta realidad nos obliga a reconocer si hemos cometido errores y aprender de la experiencia de Guayaquil”.
En su reflexión incluye el hecho de que ciertamente el Gobierno convocó al sector privado, pero para ayudar a sobrellevar el manejo de la crisis financiera. En ningún momento se pensó en su apoyo para la solución del problema social y sanitario de forma oportuna.
“Una alianza temprana de los sectores públicos y privados, probablemente hubiese evitado que Panamá, a pesar de su larga cuarentena, se sitúe como una de las naciones con más contagios por habitantes”, dijo Morgan.
Agrega que los esfuerzos hubiesen sido más efectivos con la participación del sector privado desde un inicio.
Sin embargo, reconoce el aporte y empuje que tendrá a partir de ahora el programa #TodoPanamá, un movimiento ciudadano, cívico y gremial que busca articular e implementar un plan multisectorial en respuesta a las consecuencias que ha generado la pandemia.
El programa emula, en gran medida, lo que ha venido haciendo Guayaquil, e incluye recaudar fondos a través de una estructura que garantice un uso transparente de los mismos, gestionar la compra de insumos médicos y otros bienes como los kits de alimento y limpieza, e implementar estrategias que faciliten la trazabilidad del contagio del virus.
El proyecto ya arrancó en Juan Díaz, y el plan piloto se implementará en Mañanitas, Tocumen, Don Bosco y 24 de Diciembre. El objetivo es llegar a 450 mil personas.
Lo que implementará Panamá es un modelo híbrido entre lo que ha hecho Guayaquil y lo que se ha implementado en Medellín, Colombia.
En este último destino, el sector privado tomó el control de algunos sectores con altas tasas de contagios, dotando a sus residentes de un kit de salud, compuesto por mascarillas, un oxímetro de pulso y termómetro para el seguimiento de los síntomas y un plan de educación para pacientes y familiares.
Lo mismo ocurrirá en Panamá y habrá un modelo de atención en casa, el cual inicia a través de una llamada por parte del personal del programa a los pacientes positivos con la Covid-19 que han sido registrados inicialmente en hospitales y centros de salud del corregimiento de Juan Díaz.
En Panamá, el movimiento se lanzó apenas hace una semana, cuando en Ecuador empezó hace cinco meses, lo que podría representa ahora una ventaja para no cometer errores y arrancar con lo que ya le ha funcionado a Ecuador, dijo Jorge Juan De la Guardia, expresidente de la Cámara de Comercio y miembro del movimiento #TodoPanamá.
