Leer estas palabras ya te hace privilegiado. Bajo ninguna circunstancia pretendo menospreciar tu agonía por no ver a seres queridos, por estar confinado en cuatro paredes, ni mucho menos por no hacer ejercicios al aire libre.
Estas son duras vivencias que juegan con nuestras emociones sacudiendo hasta al más fuerte espíritu de lucha; a las mentes más estables. Esto se suma a cómo vivir con la responsabilidad de 386 muertes y contando. Sí, no miremos a otro lado: estas muertes tienen una responsabilidad compartida que nos toca asumir a miles de ciudadanos que nos hemos equivocado una y otra vez al escoger políticos que malversan fondos públicos sin mayor consecuencia, que apoyamos y hasta llamamos “amigos”; a empresarios corruptos o que hemos explotado para algún beneficio la debilidad de nuestras instituciones.
Ahora bien, estamos hablando de una trágica pandemia para la cual no existe un manual de procesos pero ya ha quedado claro que la solidaridad debe ser protagonista principal. ¿Por qué no lo ha sido al agrado necesario? Quizás la muerte nos ayude a comprender mejor la magnitud de la encrucijada que hoy vivimos. Por respeto al dolor que deben estar viviendo sus cinco hijos y su viudo, no entraré en detalles sobre la muerte de Rita (nombre ficticio pero caso real) a manos de la Covid-19, pero sí puedo honrar la memoria de una mujer ejemplar que no se rindió ante las dificultades socioeconómicas que la pudieron someter, destacándose incluso como alumna brillante a pesar de la responsabilidad de liderar un hogar.
Podemos entregarnos a la emoción acuñando la muerte de Rita a una coyuntura mundial y referirnos a ella como un catalizador para otro tipo de acciones de índole social y hasta gubernamental. Uso la palabra catalizador porque la he leído como recurso intelectual que pretende mostrarnos el Panamá dividido en muchas clases, intereses y agendas.
En medio de madrugadas me despierto arropado por impotencia y frustración: ¿Qué más puedo hacer para que la muerte de Rita deje una huella de cambio? ¿Qué más puedo hacer para que miles de micro y pequeños empresarios no cierren sus negocios en las próximas semanas? ¿Qué más puedo hacer para apoyar a los gobernantes de un país inmerso en la improvisación? ¿Qué puedo hacer para que las oenegés tengan voz en alguna mesa de las tantas que hoy manejan el país?
Y me desgarra que en medio de las mismas cómodas madrugadas gracias al aire acondicionado otros se despiertan no solo con hambre en situaciones de hacinamiento sino con el llanto de un niño que aguarda por leche que seguramente hoy tampoco llegará.
Nos hemos entregado a la crítica destructiva de todos por todos y hacia todos en el momento que más unidad y solidaridad necesitamos; donde conceptos como la economía circular y la empatía hacia lo local tienen que jugar otro rol; donde el replanteamiento del modelo capitalista tradicional debe dominar conversaciones de visión país entendiendo por ello no un movimiento ideológico que cargará ineficientemente a un segmento de la población pero sí que debe ser más humano, potente en su capacidad de generar espacios de crecimiento para todos mientras abraza la dificultad en cada oportunidad.
Un modelo que invite a los ciudadanos a apoyar causas por Instagram pero que no se caracterice por involucrar el menor esfuerzo de compromiso posible para que la pelea por justicia deje cicatrices reales, de ser necesario.
No, nada es fácil estos días. En medio de todo complicado, empero, hay esperanza que la muerte de Rita nos dejará un legado de incomodidad para hacer más por quien quedó atrás estando claros que el nuevo normal nos regala un Control-Alt-Delete nunca antes vivido. Desde nuestra privilegiada incomodidad es tiempo de menos quejas mientras agradecemos, hacemos y apoyamos.
El autor es economista
