ALINA GUERRERO negocios@prensa.com
Sus manos cosen diseños de vistosas y lujosas polleras que frecuentemente son premiadas en eventos nacionales. Y muchas de ellas son lucidas con donaire por las reinas del carnaval y de las fiestas patronales en las provincias centrales.
Su nombre: Elia Vergara de Espinosa, quien ha hecho del arte de confeccionar polleras un lucrativo negocio.
Su extraordinaria habilidad y gusto artístico le han sido reconocidos en muchas ocasiones. En 1995, la pollera que confeccionó para Balkis Cecilia González, reina del Festival de la Mejorana, recibió la distinción como el mejor traje típico en el Festival Nacional de la Pollera.
Desde entonces, sus polleras marcadas, bordadas o sombreadas, han ocupado en cada ocasión uno de los primeros cuatro lugares en el Festival de la Pollera. La más reciente distinción la obtuvo durante la pasada Feria Nacional de Artesanías, en la que ganó el Premio OMPI a la Creatividad. Su creación ´premiada fue una pollera zurcida, calada y bordada de color rosa y rojo vino, valorada en tres mil 800 dólares y que cosió para una dama en las fiestas patronales de Chitré.
El Martes de Carnaval pasado, Elia se paseó en la carroza en la que Setty Dayana Karica, Reina de Calle Arriba de Las Tablas, lució una de sus bellas polleras marcadas. Esta pollera ocupó el segundo lugar en su categoría durante el Festival Nacional de la Pollera del 2002.
Los organizadores de la tuna de Calle Arriba de Las Tablas seleccionaron a Elia para confeccionara la pollera de su soberana, Setty Dayana Karica, luego de que Elia ganara el primer premio en la Feria de Los Santos. En esa misma feria, la presidenta de la República Mireya Moscoso adquirió una de sus polleras.
Su actual proyecto es una pollera para una reina de carnaval, cuya identidad no puede revelar por ser una tradición mantenerlo en secreto hasta el momento del desfile.
Su negocio está ubicado en San José, a 20 minutos de Las Tablas, cuna de artesanos folclóricos, donde es común ver a diario en los portales de las casas a mujeres que, hilo en mano, se dedican a calar, marcar y sombrear flores, mariposas y otros adornos de la pollera, o a fabricar encajes y trencillas. Y es que la pollera panameña exige tal dedicación y habilidad artística, que es catalogada como uno de los vestidos típicos más bonitos y costosos del mundo.
Este negocio tiene una característica especial. Elia tiene a 40 personas que trabajan con ella en la confección de más de 30 polleras al año. En promedio, cada una cuesta tres mil 800 dólares. Este costo incluye la pollera con sus dos enaguas (faldas utilizadas debajo de la pollera confeccionadas en holán o hilo blanco trabajado en talco en sombra), y su rebozo, que es un chal de uso diario utilizado en las polleras de lujo y en la montuna.
Elia no tiene lo que se conoce típicamente como una empresa formal, ni sus asistentes tienen horarios de 8 horas de trabajo. Cada empleada, desde su residencia, abastece a la empresa de Elia para cumplir los contratos que consigue cuando mercadea sus productos. Es en las ferias artesanales en donde obtiene los contratos para confeccionar polleras durante todo el año.
Tal es el caso, por ejemplo, de la Feria Nacional de Artesanías del 2001, en donde logró contratos para 17 polleras. Allí vendió 17 juegos de sabanillas y de camisitas de bebé durante la primera noche de feria por un precio de 150 dólares cada uno.
Además, tiene clientes especiales. Una señora de la capital le encargó a Elia 46 juegos de sabanillas y camisitas para el próximo retoño de su hija recién casada.
Como quiera que el precio de sus confecciones es relativamente alto, ella se las ha ingeniado para facilitar los pagos, creando un sistema de abonos para clientes que es peran durante 8 meses la con fección, totalmente a mano, de una pollera.
Cuando llegan al mercado de la capital, las polleras y sabanillas adquieren mayores precios, se gún las peticiones individuales.
Se calcula que el valor de todas las prendas de oro de 14 quilates y los tembleques que exige la pollera alcanza, en promedio, unos 25 mil dólares. Hay empolleradas que han pagado hasta 10 mil dólares solo por una cadena de cabestrillo, las cuales contienen 8 monedas de oro legítimo.
