La hermana de Mutita Thongsopa murió cinco días después de ser diagnosticada con Covid-19. Previo a morir, según cuenta Mutita, su hermana estuvo tres días esperando un examen que determinara el origen de sus malestares.
Esto ocurrió en Tailandia, país que hasta noviembre del año pasado había sido aplaudido por la Organización Mundial de la Salud por mantener férreos controles que habían permitido controlar el contagio reportando apenas 5,000 casos de la enfermedad. Hace apenas una semanas, Tailandia reportó 5,800 casos en un día.
Mutita fue entrevistada por el diario New York Times describiendo su país como una “sociedad muy, muy desigual”.
Recientes escándalos han surgido en ese país donde clubes de entretenimiento nocturno con exclusivos estándares de acceso y con sugestivos nombres como “Krystal” y “Emerald” han sido identificados como propagadores del virus.
Los dueños de estos lugares tienen vínculos con figuras del gobierno y, en Tailandia, cuando surgen casos donde reconocidos políticos están involucrados pues las investigaciones son lentas; los abusos pasan desapercibidos, usualmente impunes o de repente los acusados recurren al exilio como una alternativa.
Los modelos de negocios en Tailandia se manejan en zonas de sombras eternas donde el gris prevalece mientras los protocolos contra la Covid-19 se violan constantemente.
El exmiembro del parlamento Chuwit Kamalvilit relata que en la cultura Thai “podemos reír y mentir a la vez”.
Lo que inevitablemente lleva a la risa que en Panamá se convierte en mueca cuando dolorosamente vemos cómo nos cuesta ser transparentes en la rendición de cuentas al negociar renovación de concesiones, por ejemplo.
Las similitudes en el marco de sociedades desiguales son muchas sin importar la posición geográfica. Los abusos en el control del poder en medio de la reinante opacidad sigue castigando al ciudadano cuando el Estado no recibe lo que debe en materia fiscal, en el retorno social que deben tener los supuestos aliados que muchas veces parecen velar única y exclusivamente por sus intereses.
“El gobierno habla con gran facilidad de la cuarentena pensando en personas con dinero. Nuestras casas son pequeñas, no hay espacio”, relata S. Satchisatt en el mismo artículo del Times.
Satchisatt es un hombre de 41 años que en un barrio hacinado de Tailandia hace eco del sentir de miles de panameños que no encuentran aún la solución al hambre que pasan sus hijos.
La desigualdad está llevándonos a vivir incontables muertes de manera cotidiana; no solo las desapariciones físicas que nos embargan de luto, sino el fallecimiento de la esperanza que alimenta la dignidad, la cual a la postre es oxígeno para creer, para vivir. La desigualdad también se alimenta con la desidia al defender tímidamente los intereses del país en cualquier negociación.
Una sociedad muy, muy desigual, dijo Mutita Thongsopa al describir Tailandia. ¿Cómo describiría Juan Pueblo a la sociedad en Panamá?
El autor es economista
