El apagón total de un país sin banca central y sin capacidad de generación tradicional de ingresos (impuestos) dejó a la contratación de deuda como opción de supervivencia primero y apoyo al despegue económico después. El uso de fondos para salvar vidas era incuestionable. Lamentablemente el sabor amargo de una rendición de cuentas opaca queda como herida que no cicatriza. El ardor que recrudece esa misma herida fue la ausencia de limitaciones en gastos innecesarios y aumentos de planillas que han reinado en varias facetas de la administración pública.El aumento de la deuda en sí no preocupa tanto como el repago de intereses (servicio de deuda) ya que cada dólar comprometido es un balboa menos para proveer de agua a una escuela o capacitar a un joven desempleado.“Pan para hoy, hambre para mañana”, reza el viejo adagio. Con prudencia y una revitalización responsable podremos darle la vuelta a ese duro refrán.
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Pan para hoy, hambre para mañana
21 oct 2021 - 05:00 AM
