Al igual que Colombia, Panamá enfrentaría el riesgo de perder su calificación de riesgo y convertirse en otro “ ángel caído” en América Latina.
Así lo advierte BofA Securities, la división de banca de inversión bajo el auspicio de Bank of America, que el pasado 2 de junio hizo el reporte sobre la economía local y los riesgos a los que se enfrenta Panamá en este actual contexto pandémico.
Algunas de las conclusiones del reporte son consecuencia directa del frenazo económico que provocó la Covid-19; mientras que otras son producto de rezagos estructurales que ahora ponen al país en jaque.
“En nuestra opinión, tres variables determinarán si Panamá se convierte en un ángel caído o no: crecimiento económico, reforma de pensiones, y -por qué no- fiscal”, puntualizó.
Comparando el desempeño del país con un partido de fútbol, BofA Securities precisó que en 2021, Panamá está anotando un gol a su favor, con la reanudación de la actividad económica -después del confinamiento más prolongando de la región-, pero por otro lado está recibiendo dos goles en contra. Aunque “ hay tiempo” de remontar el marcador.
Uno de los goles en contra tiene que ver con los decepcionantes resultados fiscales del primer trimestre de 2021 y que el Gobierno aún no ha comenzado a apretarse el cinturón para frenar los gastos.
El segundo gol en contra del partido por mantener el grado de inversión es “el hecho de que el Gobierno no tenga ni un plan de reforma de las pensiones ni un plan de ajuste fiscal. Esto es algo que puede poner cada vez más nerviosos a los mercados. Y pone a Panamá en desventaja, a partir de ahora”.
Aun así, BofA Securities ha hecho una revisión al alza de las previsiones de crecimiento del producto interno bruto (PIB) para 2021 y 2022.
La estimación de crecimiento del PIB pasó de 8% a 9.5% para 2021, y de 4.5% a 5% en 2022. El análisis toma en cuenta el desempeño de los datos asociados al comercio (exportaciones e importaciones), puertos, el Canal y la Zona Libre de Colón, además de la producción de alimentos, cemento, producción de electricidad, movilidad y confianza del consumidor.
En el lado negativo, el crédito bancario continúa deteriorándose (a la baja interanual). El turismo está muy deprimido, “lo que refleja el hecho de que la reapertura de las fronteras internacionales fue particularmente lenta en Panamá en comparación con sus pares” y la construcción permanece en números rojos, arrastrada por el componente no residencial.
El reporte enfatiza que las agencias de calificación y los inversores van a prestar atención, principalmente, al crecimiento y los resultados y esfuerzos de reforma de pensiones y tal vez cambios fiscales.
En el caso de las pensiones, Panamá ha iniciado un diálogo nacional en el que se busca encontrar una solución a la crisis financiera del sistema exclusivamente de reparto definido de Invalidez, Vejez y Muerte (IVM).
Los estudios actuariales indican que las reservas o ahorros que tiene este subsistema se acabarán en 2024, debido al crecimiento vertiginoso que tienen los pagos en pensiones y los reducidos ingresos en concepto de cuota obrero-patronal.
Esto genera una presión enorme sobre las finanzas públicas, porque en caso de que no se hagan reformas estructurales al sistema de pensiones, el Estado tendrá que hacerse cargo de los déficits anuales que se generen.
La crisis económica y laboral en la que quedó sumida el país producto del confinamiento para frenar la pandemia de la Covid-19 impactó también a la CSS.
Se perdieron 288 mil 951 empleos formales en 2020 y estos trabajadores ya no pagan cuota obrero-patronal, quienes se suman a la fila de los miles de informales que tampoco tienen capacidad para asumir el pago de sus cotizaciones.
El informe de BofA Securities aborda como un factor de debilitamiento la contracción económica de 17.9%, que ha dañado el tejido productivo de la economía y el mercado laboral.
También enumera como aspectos negativos a futuro las condiciones de endeudamiento más estrictas que se podrían generar al tener Panamá una economía totalmente dolarizada que importa la política monetaria de Estados Unidos.
Y por último, pero no menos importante, la incertidumbre sobre las perspectivas fiscales y la calificación crediticia, algo negativo para la confianza empresarial.
Una tras otra, las tres grandes calificadoras internacionales han rebajado un escalón la calificación del país. Moody’s y S&P Global Ratings dejaron a Panamá en el segundo nivel dentro del grado de inversión, mientras que Fitch Ratings puso la nota a un solo downgrade de caer a categoría especulativa.
En el balance de los factores a favor y en contra, BofA Securities advierte que Panamá es, por mucho, la economía más abierta al comercio en Latinoamérica, un factor positivo cuando el comercio mundial está ganando impulso, al tiempo que las condiciones políticas estables también pueden marcar la diferencia, comparado con otros países en los que las protestas sociales son significativamente perturbadoras para la actividad económica (Colombia), mientras que en otros se recurre a los programas del Fondo Monetario Internacional (FMI) como salvavidas para evitar el incumplimiento soberano (Argentina).

