La crisis causada por la pandemia desnudó algunas fallas en el modelo de desarrollo del país, al poner en evidencia los problemas que ya existían en la sociedad sobre pobreza, salud y acceso a los servicios públicos.
Pero, al mismo tiempo, esas carencias abren el camino para impulsar la ruta para discutir y elaborar nuevas políticas públicas, según se analizó ayer en la Conferencia Anual de Ejecutivos, CADE 2020, “Panamá en la encrucijada”.
Los analistas que participaron en el foro virtual expusieron sobre la realidad en la región y la necesidad de impulsar un desarrollo que sea resiliente, inclusivo y sostenible.
Base de dato para focalizar subsidios
La estadística permite formular políticas públicas aceptas para el modelo de desarrollo. Juan Oviedo, director del Departamento Administrativo Nacional de Estadísticas (DANE) de Colombia dijo que una buena base de data de todas las entidades permite focalizar mejor la ayuda a los sectores más necesitados.
Michelle Muschett, exministra de Desarrollo Social y asesora de relaciones gubernamentales de Oxford Poverty & Human Development Initiative, enumeró algunas fallas de políticas públicas que han quedado al descubierto con la pandemia y que quedan como lección: la desigualdad, la brecha digital, el crecimiento económico que no es inclusivo, la pobreza que alcanza a más de 777 mil panameños, la falta de protocolos para atender la salud mental, el estilo de liderazgo y la corrupción, entre otras. Estas falencias pueden dar luz para armar en consenso una nueva hoja de ruta, dijo Muschett. Detalla que detrás de la desigualdad hay factores económicos, de etnia y territorio, entre otros.
“Se requiere mirar el problema desde una visión de Estado, más allá de un periodo gubernamental, con planificación; una de las debilidades que ha existido a lo largo de las distintas administraciones”, dijo Muschett.
Igualmente, recordó factores de riesgo para los próximos 18 meses, que alerta el Foro Económico Mundial, entre ellos, la desconfianza en los gobiernos, las erosiones de libertades civiles y el aumento de sentimiento anti-empresa, entre otros.
Por ello, dijo, los planes de recuperación deben importar a todos, porque es bajo esa realidad en la que vivirán todos los ciudadanos, incluyendo el tema ambiental. “El llamado es a abordar esas fallas estructurales y no contentarnos solamente con abordar la pandemia”, recalcó.
También llamó la atención sobre la cantidad de recursos; son billones de dólares que son tomados de las futuras generaciones como un préstamo, para hacer frente a la pandemia. “La manera en que invirtamos esos recursos no debe ser relevante solo para nosotros hoy, sino pensando en las futuras generaciones”.
Leonor Calderón, exministra de Desarrollo Social, también dijo que la pandemia se ha encargado de sacar a flote todo lo que se venía arrastrando desde hace décadas y que no ha sido de un gobierno específico. Reconoce que aunque se han hecho algunos esfuerzos, todavía queda un camino que recorrer en materia de políticas públicas.
Igualmente, coincide en que la desigualdad social ha expuesto más a ese sector de la población, porque una cuarentena no se pasa igual en una vivienda sin espacios, sin agua, sin energía y sin alimentos. Como parte del análisis se planteó convocar a un diálogo para un “nuevo contrato social”, que revise las bases del sistema, con la participación de toda la sociedad, como lo recomienda el Programa de Naciones Unidas.
Muschett sugiere que este llamado lo haga el presidente de la República.
