Hace poco compartí con el embajador de México una velada diferente en la que se promovía la región de Oaxaca. Mientras observaba el acto, pensé lo mucho que tenemos que aprender de los mexicanos en cuanto a la promoción. Ellos explotan ese nacionalismo que nos transporta por cada uno de sus rincones pintorescos.
Cada cosa que veía me hacía pensar en las diferentes regiones de nuestro país que se destacan por su gastronomía, naturaleza y actividades folclóricas. Al final llegué a una conclusión, de que Panamá tiene mucho que ofrecer, pero aún la agencia de publicidad que ejecuta la campaña de promoción internacional, que son extranjeros, no han logrado crear una marca país que identifique nuestra identidad.
Cada región tiene su plato típico, y si no es así, pues hay que inventarlo. Este es un trabajo que debe ser dirigido por la Autoridad de Turismo de Panamá; no todo el esfuerzo se lo debe llevar la publicidad, también hay que ir formando esa plataforma donde se forme una conciencia nacional. Nuestro hombre del campo debe ser parte con sus modismos, ese conjunto de detalles se podría convertir en el nervio motor de la promoción.
Ya es hora de que lleguemos a un consenso de ideas que nos lleven a montar una imagen auténtica y eso solo se consigue a través de nuestras organizaciones culturales. Debe ser un propósito de nuestras autoridades con misión y visión de lo que esperan lograr; sin retos y una buena imaginación será imposible avanzar.
Desarrollar estas ideas no es una tarea difícil, todo lo que necesitamos está allí, pero las cosas se complican cuando no hay una adecuada planificación. Contamos con la gente y las ganas de trabajar, estamos a tiempo para ser parte en la construcción de una imagen que logre universalizar la cara de nuestro país.