No vería el tamaño de la deuda en sí como un problema, en la medida que la capacidad de repago de la misma creciera dinámicamente. En esta coyuntura y ante la imposibilidad de imprimir moneda local, no teníamos alternativa alguna. De hecho, vamos a necesitar más deuda y no debe sorprender cuando lleguemos a niveles del 60% del producto interno bruto.
Lo que sí es de altísima preocupación es el propósito o uso de fondos procedentes del endeudamiento. Hemos visto cómo la planilla gubernamental ha subido extraordinariamente los últimos 15 años, dejando en evidencia un Estado mórbidamente obeso y, lamentablemente, corrupto.
En lugar de destinar fondos para acciones que erradiquen pobreza o que permitan ejecutar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), rayamos cheques para pagar intereses hasta de obras que no se han culminado porque nos resistimos a cambiar la forma en la que confeccionamos el presupuesto estatal.
La actual administración debe encontrar la manera de aumentar recaudos fiscales, controlar gastos, aumentar inversión y obligarse a crear un fondo de redención de deuda por la pandemia. Eso exige disciplina y mucha voluntad política. Veremos si tenemos estadistas o simples actores secundarios temporales en la escena política panameña.
El autor es economista.