Son pasadas las 12:00 p.m. Frente a la garita de la entrada del aeropuerto Marcos A. Gelabert está la primera oficial María Fernanda Carrizo mostrando la placa que le permite acceso a los hangares de Albrook. Ella está volviendo a sus raíces.
Recorre varios garajes de aviones antes de detenerse frente a un punto en particular, desde donde recuerda que veía los aviones despegar cuando aún era estudiante. Cuando soñaba estar al mando y volar por todo lo alto.
Ahora tiene 26 años y está por cumplir cinco años de estar surcando los cielos del hemisferio occidental, un sueño hecho realidad.
GUINDANDO
Su vida giraba en torno a los hangares de Albrook Flight School, y para 2009 ya había volado las avionetas Cessna 152 y Cessna 172.
En la actualidad las escuelas de aviación gradúan a sus estudiantes con las horas exigidas por Copa Airlines, pero en ese entonces, ella estaba certificada con 170 horas y Copa Airlines le pedía 250 horas para formar parte del entrenamiento que le haría primera oficial.
Para completar sus horas, los estudiantes de la escuela de aviación tenían que hacerlo en las compañías chárter. No era una idea que le apetecía a muchos.
“Ibas de hangar en hangar y mostrabas tu licencia a ver si querían permitirte acompañar al piloto”, explica Carrizo.
My Flight Corp., una empresa de vuelos chárter que realizaba evacuaciones médicas en el interior del país, le permitió practicar hasta completar las horas necesarias. Cada hora de vuelo le costaba $140. Sabía que el dinero sería recompensado una vez entrara a las filas de la operadora del hub panameño.
“Era una competencia con el resto de los compañeros para ver quién llegaba primero al hangar”.
Carrizo se levantaba a las 3:30 a.m. todos los días y estaba en la garita de entrada del aeropuerto, ubicado en Albrook, a las 4:00 a.m., donde se quedaba esperando hasta que fuesen las 6:00 a.m., hora en la que los oficiales de My Flight Corp. comenzaban a monitorear el itinerario del día.
“La idea era ser el primero en llegar, porque no se sabía cuántos vuelos salían por día”, comenta Carrizo.
Hacían evacuaciones médicas a bordo de avionetas Seneca y Islander. Tenían la misión de rescatar a las personas que estaban junto a los paramédicos que los atendían en el interior del país, pero al ser emergencias, no eran vuelos que se planeaban.
Carrizo se quedaba hasta las 7:00 p.m. esperando que saliera un vuelo en el que pudiera participar. De no darse la oportunidad, era la encargada de cerrar el hangar. Así fue su vida por seis meses, hasta que completó las horas de vuelo exigidas por Copa Airlines.
De eso ya un lustro. Ahora divide su tiempo volando un Boeing 737-700 y 737-800 cuatro veces por semana a diferentes destinos del hemisferio occidental.
Además, hace una pasantía en el System Operations Control Center (SOCC) de Copa Airlines en Costa del Este. Cuando no está volando por los cielos, pasa tiempo con su familia y su novio, que también es piloto.
PROFESIÓN
Carrizo logró obtener su licencia en menos de dos años. Sin embargo, ella sigue estudiando. Cada seis meses tiene un examen con un simulador para mantener las habilidades y destrezas chispa.
“Cada uno hace con esta profesión lo que quiere. Hay muchas personas que comienzan a trabajar en una aerolínea con 21 años porque terminan rápido la carrera. Otros, se pierden de la aviación y tardan cinco años en sacar la licencia. A su vida llegan nuevas responsabilidades y les es difícil retomar el ritmo”, comenta Carrizo.
Hasta ahora, ella ha acumulado 3 mil 800 horas de vuelo y su meta para 2017 es llegar a ser capitán. Pero, para lograrlo debe tener un total de 4 mil horas y un nivel cinco (5) de inglés.
¿Qué es lo peor que le ha pasado durante un vuelo?
Que un pájaro se enrede con la turbina. Es peligroso, porque puede incendiarse. Por eso tenemos que estar pendientes, sobre todo en la temporada de las aves migratorias.
¿Cómo reaccionan los pasajeros cuando la ven abordar un avión?
Resulta que como yo, habrá 50 mujeres al mando del vuelo. Pero aún es una industria machista. ¿Será que me ven incapaz? Estoy totalmente entrenada para resolver una emergencia, igual que el hombre que está sentado al lado mío. Quizás lo que cambie son las conversaciones en cabina.
LA FAMILIA
Así como hay personas que heredan una empresa y se dedican al negocio familiar, hay familias que crecen amando las nubes y las alturas. El caso de Carrizo es uno de esos.
Su padre es piloto y tiene más de 23 años de experiencia; su tío Isauro Carrizo fue pionero de la aviación en Panamá. Fundó la Escuela Aérea, S.A. y la compañía de vuelos chárter Transporte Aéreo, S.A. (Transpasa). Además ha escrito libros como Historias cortas de la aviación panameña, donde comenta cómo era la industria en la década de 1930 y 1940. Fue capitán de Copa Airlines y hacía los itinerarios manualmente para los demás pilotos.
Del lado materno, Carrizo tiene un tío que vende partes de aviones a escala y es entusiasta de la aviación. Frank, uno de sus primos, es primer oficial; y Luis, otro de sus primos, es piloto en Omán.
Cuando Carrizo decidió que quería ser piloto, una profesión quizás no tan convencional, para ella fue una decisión de lo más normal. Estaba siguiendo los pasos de su familia, que junto a los Ríos y los Granado, son conocidos por ser dinastías dedicadas a la aviación en Panamá.
EL ENGRANAJE
Para Carrizo, volar es sinónimo de felicidad, ya que es una de las personas involucradas en transportar a los pasajeros al destino que han planeado, soñado y ahorrado con ilusión. De vacaciones, luna de miel, un reencuentro familiar o una escapada, viajar es emocionante.
Aunque muchas veces sean los pilotos los que se llevan el mérito, Carrizo hace hincapié en la importancia del trabajo en equipo cuando está en un vuelo. Tanto los tripulantes como el piloto y el primer oficial deben estar en sintonía, y si ocurre alguna eventualidad, debe haber un flujo de comunicación para que todos estén enterados.
“Hay muchas variables que pueden salir mal y uno intenta cubrir todas las áreas. Por eso uno cuenta con un equipo que ha planeado la ruta de vuelo, el combustible, ha monitoreado el clima y mucho más”, dice ella.
A bordo de una avioneta, dando un paseo por los aires de la ciudad, Carrizo parece estar en su estado natural. Nació para esto, sin duda alguna.
