La distintiva herramienta de la presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde, para luchar contra la crisis se está convirtiendo en el foco de desacuerdo entre formuladores de política en lo que podría ser su primera prueba importante de disciplina.
Los miembros del Consejo de Gobierno se enfrentan a una posible brecha sobre qué tanto debería inclinarse su programa de compra de bonos de emergencia hacia países más débiles como Italia, según múltiples conversaciones con funcionarios del banco central.
Si bien el debate sigue siendo hipotético por ahora, podría aclararse a medida que la economía emerge de la pandemia de coronavirus. El peligro es que tal fricción socava un programa presentado en el apogeo de la crisis para tranquilizar a inversionistas sobre la determinación del BCE de defender la integridad del euro.
Los funcionarios pidieron no ser identificados debido a la confidencialidad de las discusiones internas. Un portavoz del BCE declinó hacer comentarios.
El ambiente interno se refleja a través de los diferentes comentarios públicos de los directores de los bancos centrales de las dos economías más grandes de la eurozona: Jens Weidmann, de Alemania, y Francois Villeroy de Galhau, de Francia. Otros miembros del Consejo de Gobierno tienen opiniones similares de ambos lados del debate, según los funcionarios.
La posibilidad de desacuerdos podría evocar recuerdos de la discordia que marcó los ocho años del predecesor de Lagarde, Mario Draghi.
La herramienta de compra de bonos que desarrolló durante la crisis de la deuda de la eurozona y su posterior lucha por la flexibilización cuantitativa recibieron una fuerte oposición por parte de Alemania.
