Como sucede con los humanos y los animales, que padecen enfermedades, las especies vegetales sufren el ataque constante de plagas, que destruyen del 20% al 40% de los cultivos alimentarios cada año. En nuestra región podemos encontrar numerosos ejemplos de plagas que han supuesto severas pérdidas a la producción de cultivos como el café, banano, cítricos y hortalizas, entre otros.
La Asamblea General de las Naciones Unidas declaró 2020 como el Año Internacional de la Sanidad Vegetal. Esta iniciativa, impulsada por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y la Convención Internacional de Protección Fitosanitaria, busca informar más acerca de la sanidad vegetal y fomentar acciones en favor de la conservación y el mantenimiento de los recursos vegetales mundiales. Y desde dicha iniciativa, todos tenemos un papel que desempeñar.
Las instituciones pueden contribuir a la sanidad vegetal mediante el fortalecimiento de capacidades en esta materia, la inversión en prácticas y tecnologías innovadoras; y la adopción e implementación de sistemas de supervisión y alerta temprana.
También es fundamental garantizar que los requisitos fitosanitarios para la comercialización de plantas y productos vegetales se basen en los estándares de la Convención Internacional de Protección Fitosanitaria, sean coherentes con el riesgo de plagas involucrado, y resulten en el mínimo impedimento para el desplazamiento internacional.
Los productores son clave para la sanidad vegetal, porque en sus manos está la supervisión de sus fincas para informar periódicamente de la aparición de plagas. También deben adoptar prácticas de manejo de plagas respetuosas con el medio ambiente y usar semillas y plantas certificadas.
Desde el sector privado se pueden promover productos y prácticas que respeten el ambiente para la prevención y el manejo de las plagas, aumentar la seguridad de su comercialización y transporte; y emplear prácticas fitosanitarias innovadoras. Y por supuesto, los consumidores debemos ser conscientes del riesgo que supone para la sanidad vegetal el transporte de plantas y productos vegetales y su compra a otros países.
El autor es oficial de Agricultura de la FAO para Mesoamérica