El anuncio de Fitch, aunque esperado, no dejó de ser desafortunado. El nivel crediticio de la República de Panamá sufrió su segundo retroceso en menos de tres meses, con probabilidades de perder el anhelado grado de inversión.
Este grado, alcanzado hace poco más de una década, facilitó el acceso a recursos baratos tanto para la deuda soberana, que permitió financiar proyectos de inversión, impulsor del dinamismo económico, como para emisores corporativos, incluyendo bancos, que transmitieron esa reducción al circuito económico.
Como coincidencia, la semana pasada el bono del Tesoro Norteamericano a 10 años, instrumento de referencia, experimentó un ajuste en su precio, ubicándose en su nivel más bajo del año, afectando los precios de los instrumentos de los mercados emergentes, por ejemplo, el bono de Chile, con vencimiento en el 2032 cayó 84 puntos básicos; el de Perú, 105; y el panameño perdió 220 puntos.
Por lo que parte de la caída de los bonos panameños es explicado por el ajuste sistémico.
Más allá de la discusión de qué originó la caída en los precios es imperativo el debate sobre las causas de la rebaja en la nota.
Por un lado, la causa coyuntural se atribuye a las medidas tomadas por Panamá para prevenir el contagio de la Covid-19, que generaron una de las peores caídas económicas en el mundo, mientras que los niveles de afectación relativa fueron de los más altos de la región, impactando negativamente en la relación deuda/PIB.
Por otro lado, entre las principales causas estructurales están la debilidad de las finanzas públicas y el problema del sistema público de pensiones.
En este sentido, los ajustes necesarios podrían ser:
a) Mantener la sostenibilidad fiscal: Un replanteamiento de la estructura fiscal que preserve la esencia del sistema territorial, amplíe la base impositiva sin incrementar las tasas de impuestos, acompañado de un ajuste en los gastos, elimine exoneraciones y focalice subsidios puede preservar la sostenibilidad fiscal.
b) Encarar el problema del sistema definido de pensiones: Existe fuerte preocupación de que, en el corto plazo, el déficit actuarial del subsistema definido se convierta en un déficit de efectivo. Encontrar prontamente una solución que, aunque dolorosa sirva para mantener la paz social y la estabilidad económica es inaplazable.
Igualmente, la pandemia evidenció la urgencia de realizar ajustes estructurales significativos, pues desde hace más de 25 años no se efectúan reformas profundas y con la llegada abrupta de la revolución industrial 4.0, la necesidad de retomar los esfuerzos reformadores cobra mayor relevancia.
Estas reformas deben incluir la adecuación de nuestro sistema educativo a las competencias de la era de ciberinteligencia. También debemos replantearnos la viabilidad de eliminar ciertas restricciones o excesivas regulaciones que solo limitan la iniciativa empresarial sin resultados efectivos en alcanzar los objetivos planteados.
Para algunos analistas, a partir de hoy los instrumentos panameños pueden comenzar a recuperar territorio, sin embargo, para evitar mayor afectación a futuro, es recomendable aprovechar la oportunidad y enfocarnos en realizar los ajustes necesarios.
El autor es financista