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Valor Razonable

Sacudida hacia la economía circular

Cuesta a veces estar de acuerdo con el economista y catedrático Thomas Picketty, especialmente cuando profundiza en temas que nos sacuden, que nos tocan cerca.

La idea de la economía circular es usualmente asociada con material reciclable o con hacer uso modesto de los recursos naturales disponibles evitando el exceso y la exageración.

Pero Picketty, controversial como siempre, ahora asoma una nueva vertiente de pensamiento: la actual riqueza y la dedicación por alcanzarla simplemente evitará que podamos llegar a un modelo económico nuevo que permita balances, equidad y una distribución diferente de bienestar. Y pareciera que las recientes protestas a lo largo y ancho de Latinoamérica anuncian vientos de cambio en gran medida porque los modelos económicos abiertos a los abusos en corrupción y sustentados en la destrucción de nuestros bosques y ríos caducaron al hacer ricos a pocos y en el proceso arrancarnos la posibilidad de creer que principios básicos como el derecho a propiedad eran suficientes para crecer socialmente.

Algún tipo de avance ciertamente se ha alcanzado con los llamados de atención sobre los abusos contra el medio ambiente y la evidente desigualdad que los modelos económicos exitosos han generado.

Pero los cambios que se necesitan van mucho más allá que la simple modificación a un sistema impositivo para tener más recursos y cerrar brechas sociales. Ideas que nacen de la no siempre amigable Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) incluyen temas como la imposición de exigencias fiscales a multinacionales y en el proceso provocar mayor igualdad aunque esto rara vez se logra a través de más o diferentes impuestos.

Lo que es evidente es que el tiempo para dilatar la confrontación con los temas difíciles de seguridad social, de desigualdad se acabó y se necesita el verdadero salto hacia la economía circular; es esa economía que necesita la participación de todos casi rozando lo mejor de modelos incluyentes.

La resistencia para implementar los dolorosos cambios viene usualmente de un sector retrógrado y poco innovador pero a la vez atrapado en las jaulas del pasado oscuro y ausente en transparencia que le cuesta distanciarse de lo que quizás alguna vez funcionó pero que hoy es obsoleto.

La nueva economía circular a la panameña tiene que volcarse a buscar la fortaleza de nuestra instituciones para así financiar los cambios en salud y educación que todos anhelamos y hacerlo de manera sostenible; sin curitas temporales de deudas exageradas y con un liderazgo nacional que genere confianza y convicción. Esa es la economía circular que urgentemente necesitamos: la de compromisos que alejen la desigualdad.

El autor es economista


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