Donde antes crecían peces ahora hay árboles de plátano y vacas pastando. La idílica vida en Congo Mirador, un pueblo de palafitos que parecían flotar sobre las quietas aguas de una laguna en Venezuela, se ahogó entre lodo y maleza.
Congo Mirador, famoso por estar dentro de la llamada “capital mundial de los relámpagos”, en el Lago de Maracaibo, sucumbió ahogado por sedimentos arrastrados por el río Catatumbo que nace en Colombia y desemboca en este lago, uno de los más extensos de Sudamérica.
“Esto era una laguna hermosísima, la laguna se sedimentó y lo que tenemos es puro monte“, describe Euclides Villasmil desde uno de los pocos palafitos en pie.
Con la sedimentación, que ya era incontrolable en 2013, comenzaron a meterse serpientes, sapos y otros animales en los palafitos. Estos cambios provocaron la migración progresiva de buena parte de las 700 personas que llegaron a vivir entre las aguas de este ecosistema rodeado por bosques de manglares.
Además de la sedimentación, los que se quedaron sufren duras carencias: falta de gasolina, los dos generadores a gasoil que daban electricidad al pueblo llevan años averiados, la antena que les suministraba señal telefónica tampoco funciona y los alimentos son limitados.
Buena parte de la pesca se va en pagar combustible. Por ejemplo, si pescan 200 kilos de pescado deben invertir 100 para comprar unos 20 litros de gasolina.
Antes, el ruido de lanchas pesqueras irrumpía desde la madrugada. Ahora hay un silencio casi sepulcral, solo interrumpido por el canto desesperado de aves confinadas a jaulas tan diminutas que apenas pueden moverse.

