Entre los años 1996 y 1998 tuve el privilegio de trabajar como consultor para General Motors y conocer a un líder de la compañía llamado Hugo Wieland, quien tenía un genuino compromiso con la sociedad. Durante una dura jornada del Autoshow de Nueva York me compartió un libro titulado “Si Aristóteles dirigiera General Motors” de Tom Morris, el cual presentaba un nuevo enfoque ético de la vida empresarial.
Probablemente ese era un libro adelantado a su época. Hoy vivimos la era del propósito corporativo, tiempos que exigen de las empresas comprender su razón de ser en una sociedad compleja, establecer sus principios de creación de valor y sobre esta base generar riqueza a través del desarrollo con criterios de responsabilidad social y sostenibilidad.
Si Aristóteles dirigiera General Motors establece la importancia de la filosofía de una corporación en el diseño estratégico del negocio y las bases sobre las cuales se asienta la toma de decisiones y su relación con el entorno. En esencia, ese componente intangible también lo podemos definir como “cosmovisión”, un término que se refiere a la forma de concebir e interpretar nuestra relación con el mundo.
En este sentido, hoy todas las empresas deben hacer algo de filosofía y establecer su cosmovisión para dar respuesta a realidades tales como: su rol ante el cambio climático, la pobreza, la educación, el desarrollo humano, el agua potable, la ética y la transparencia; por ejemplo.
En la filosofía está la estrategia. Las empresas líderes de nuestra era han logrado establecer una conexión entre su forma de hacer negocios con su aporte a la sociedad y su rol para crear un mejor planeta.
Hay mucha filosofía detrás de un propósito y un propósito es profundamente filosófico si está bien diseñado y se internaliza en el “adn” de la organización.
La pandemia ha creado un nuevo consumidor y la relación entre estos y las marcas ha cambiado. Cuanto más sostenible es percibida la marca, cuanto mayor es el valor tangible que aporta a las personas, a la sociedad y al planeta, más relevante es para el consumidor.
Hoy es necesario comunicar algo que va más allá de una mera transacción y generar algo más trascendente en la relación empresa-consumidor-sociedad. Los ciudadanos exigen algo más relevante y significativo de las empresas y marcas, esperan un impacto real y positivo en sus vidas, en las de quienes les rodean y en el entorno en el que viven, comprometiéndose como parte de la solución a los desafíos sociales y ambientales del mundo.
Por ello, la ventaja competitiva no está en la estrategia, está en la filosofía. La estrategia sólo es reflejo de una forma de pensar y concebir los negocios, el mundo y las oportunidades de mercado. Dedicar tiempo a la filosofía, crear cultura corporativa y conectar a las empresas con las realidades de su entorno es bueno para salud financiera, la diferenciación y la competitividad de las empresas.
El autor es consultor en comunicación estratégica.
