Sigue! En el peor momento de una vida complicada por la responsabilidad de tomar decisiones que afectaron a millones de personas, Sir Winston Churchill (qepd) encontraba las palabras necesarias para inspirar a un pueblo. Fue un líder que impuso un modelo de liderazgo que el mundo podría usar hoy porque apelaba a lo mejor que los seres humanos podemos ofrecer con tenacidad, perseverancia y un norte claro.
La referencia a estar “viviendo una guerra” utilizada una y otra vez por el Ejecutivo dejó de tener validez cuando la inacción reinó al sonar las alarmas anticorrupción en diferentes frentes; cuando dejamos de cuidar a nuestros médicos y enfermeras mandándolos como carne de cañón a trincheras sin las armas necesarias para defenderse, para defendernos. No puedo juzgar la intención de buenos panameños y panameñas que han sacudido nuestras mentes para aportar ideas, soluciones, planes y alternativas de toda índole pero solo experimento dolor cuando se promueve la idea de honrar la memoria de más de 1,000 muertos a través de un monumento mientras continúa la falta de ejecución para evitar una polarización de discursos políticos oportunistas. Quiero pensar que no es tarde para el anhelado golpe de timón que permita el control de un virus asesino y el replanteamiento económico del país. Si de algo ha servido esta pandemia es para validar la caducidad del modelo que descansaba en pilares desfasados que llevaron a rampante corrupción, desigualdad por doquier y a la deshumanización de nuestra especie. “Alberguen esperanzas pero no ignoren realidades”, fue otro de esos brillantes momentos de Churchill que caen como anillo al dedo en esta pandemia.
No es viable albergar el despertar económico hasta cuando una vacuna aparezca o postergar indolentemente la apertura del aeropuerto internacional de Tocumen porque esto implica precisamente ignorar la realidad de la desesperación y el hambre que miles de hogares viven en gran medida porque los tomadores de decisiones no sufren esa realidad al cómodamente devengar salarios incluso sin trabajar, sin solidaridad. Una acción valiente sería reconocer que nos hemos equivocado muchas veces en los últimos cinco meses abriendo el compás para que los aportes de gremios y sociedad civil sean no sólo escuchados sino que se proceda con la implementación de esas acciones concretas. En recientes días han circulado escritos castigando por un lado y defendiendo por otro la gestión de administración pública. Ambas posiciones, sin embargo, llenas de críticas sin propuestas o de explicaciones sin sustentos y mientras esas posiciones antagónicas controlan nuestra cotidianidad cada día a las 6:00 p.m. recibimos el golpe de los muertos y de cuántos fueron detenidos por romper el toque de queda.
Estoy cansado de leer justificaciones, de escuchar discursos anunciando más deuda sin claridad en su uso pero, estoy hoy más preocupado porque la supervivencia de lo que resta del año 2020 no se compara con el inicio del 2021 donde las carteras deterioradas de los bancos ante el desempleo de 20% limitará el crédito restringiendo liquidez para crecer y creando la peor situación que nuestro país ha vivido en su historia republicana. Si no somos capaces de trabajar y ejecutar paralelamente en lo inmediato y en el mediano plazo es mejor encontrar a las personas que puedan y quieran, sin el asco que genera la corrupción, y eso sería un noble acto de un auténtico estadista. Terminaba Churchill diciendo: “Me gusta que las cosas ocurran y, si no ocurren, hago que ocurran”.
El autor es economista
