La expansión del coronavirus está generando dos grandes frentes de acción para los gobiernos. El primero y más inmediato es el sanitario; en un segundo plano, y con eventuales repercusiones a medio y largo plazo, es el económico.
El Fondo Monetario Internacional (FMI) publicó bajo la firma de su director para el Hemisferio Occidental, Alejandro Werner, un artículo en el que analiza el impacto económico de la crisis en la región y las políticas más prioritarias en estos momentos.
Para el Fondo, los países deben asegurar que el gasto de primera línea vinculado a la salud está disponible para proteger el bienestar de la población, cuidar a los enfermos y frenar la propagación del virus.
En el caso de Panamá, el viceministro de Finanzas, Jorge Almengor, señaló recientemente que se están garantizando todos los recursos presupuestarios para afrontar la crisis.
Mencionó que se adelantaron $9 millones al Ministerio de Salud y $1.3 millones a otras entidades para hacer tareas de prevención, así como $50 millones para comprar insumos de salud e higiene.
Para aliviar la crisis económica que están generando las estrictas medidas que buscan contener la propagación del virus, Werner propone una serie de medidas fiscales, monetarias y financieras.
“Los gobiernos deberían utilizar transferencias de efectivo, subsidios salariales y desgravaciones fiscales para ayudar a hogares y empresas afectados a afrontar este parón temporal y repentino en la producción”.
En este sentido, el Gobierno anunció la creación del Plan Panamá Solidario, que con una asignación de $50 millones distribuirá bonos de alimentos y medicamentos entre los grupos más vulnerables del país.
Además, se extendió la moratoria tributaria que venció en febrero hasta el mes de junio y se ha postergado la fecha de presentación de declaraciones de renta.
Para el FMI, los bancos centrales deben aumentar la vigilancia, desarrollar planes de contingencia y estar preparados para proporcionar amplia liquidez a las instituciones financieras, en particular las que conceden préstamos a pequeñas y medianas empresas. Panamá no tiene banca central, pero la Superintendencia de Bancos liberó una reserva de $1,252 millones que está permitiendo a los bancos flexibilizar las condiciones a los clientes, particularmente a aquellos que se han visto afectados.
Para Werner un estímulo monetario y fiscal más amplio elevaría la confianza y la demanda, aunque cualquier medida será más eficaz cuando las empresas normalicen sus operaciones. Dado el carácter global de la crisis y los vínculos transfronterizos, para el FMI, que ha puesto sus instrumentos financieros a disposición de los países, la respuesta a la crisis debe ser global.
