Las tensiones en la cadena de suministro, el alza de materiales y materias primas en origen y el costo del combustible son tres factores que están marcando el alza generalizada de precios que notan tanto los consumidores como los productores del país.
Luis Frauca, presidente del Sindicato de Industriales de Panamá, no es optimista a corto plazo sobre un cambio de tendencia y prevé que los precios seguirán subiendo en lo que resta de año.
En una entrevista con este diario, el empresario diseccionó las causas de este fenómeno.
En primer lugar, apunta que los materiales y materias primas han experimentado, en origen, entre tres y cuatro aumentos en lo que va de año.
A eso hay que sumarle el exponencial aumento de los fletes para transportar las mercancías por vía marítima. Frauca recuerda que en enero de este año se podía traer un contenedor desde Asia por $3,000 o $3,500. Por ese mismo flete se pagan en noviembre $18,000 y se espera que para diciembre el precio suba hasta $20,000.
El empresario señaló que hay casos en los que el valor de la mercancía transportada es inferior al costo del flete.
El presidente del Sindicato de Industriales de Panamá, Luis Frauca, prevé que los precios seguirán subiendo, lo que termina afectando al consumo y a la capacidad de recuperación económica.#LaPrensaSecuestrada https://t.co/yejDX2F5Da pic.twitter.com/8PW8Cu9WTh
— La Prensa Panamá (@prensacom) November 27, 2021
La escasez de contenedores se conjuga con un aumento en la demanda y los cuellos de botella en las cadenas de transporte, como se puede apreciar en los grandes congestionamientos en algunos puertos de la costa Oeste de Estados Unidos, como la receta perfecta para el encarecimiento de los costos logísticos.
Además, el precio del combustible también se ha elevado sustancialmente, y esto se traduce en mayores costos de distribución.
Para los productores agropecuarios locales las presiones vienen por los aumentos en fertilizantes y agroquímicos, que son importados. “Eso está teniendo un efecto sobre los productos que consumimos a diario”, sostuvo.
El empresario señaló que esta situación está moldeando la cadena de suministro, y que están buscando proveedores más cerca, en países de la región o de Estados Unidos, además de trabajar con distintas alternativas para recibir una misma materia prima y así reducir la dependencia de un solo proveedor, ya que otro factor a tener en cuenta son los tiempos de entrega.
Ese cúmulo de factores se termina traduciendo en precios más altos para el productor y, en última instancia, para el consumidor. El índice de precios al consumidor (IPC) de octubre reflejó un aumento interanual de 2.9%, siendo el grupo de transporte, donde se computa, entre otros, el costo del combustible, el que registró mayor aumento (11.7%).
El aumento de precios reduce el poder adquisitivo de la población, ya que con la misma cantidad de dinero se pueden comprar menos bienes. Además, la oferta de productos, particularmente de aquellos importados, puede que no sea tan variada. Frauca pone como ejemplo que los arbolitos de Navidad están llegando en bajas cantidades y a precios altos.
Con un costo alto de productos y de importación y una demanda interna aún afectada por la crisis, el empresario concluye que los comerciantes van a ser muy cautelosos de mantener inventarios altos.
La situación está provocando cambios en los hábitos de consumo, ya que los clientes, especialmente aquellos de menor poder adquisitivo, buscan presentaciones más pequeñas o adquieren menos cantidad de determinado producto.
Todos estos factores representan un lastre para las aspiraciones de recuperación económica del país, que viene de sufrir en 2020 una fuerte contracción de 17.9%.
“Definitivamente no era el momento para tener una escalada de precios”, apunta el empresario. Lo que la economía requiere es un aumento del consumo y los altos niveles de desempleo e informalidad no son el caldo de cultivo para que esto suceda
Por otra parte, la incertidumbre sobre el comportamiento de la demanda ralentiza los planes de inversión de las empresas, incidiendo de manera negativa en la recuperación.
Sobre las posibles soluciones, Frauca es pragmático y apunta a tratar de manejar los factores sobre los que internamente puede haber cierto control, como por ejemplo buscar eficiencias en la producción a través de la economía circular (reutilización y reciclaje) y del uso de energías renovables.
También ayudaría la reducción de ineficiencias externas al sector privado, como por ejemplo el exceso de trámites en el sector público a la hora de aprobar inversiones o las situaciones de cierres de carreteras o huelgas, como la protagonizada recientemente por los trabajadores de la Autoridad Nacional de Aduanas.
Frauca llamó la atención también sobre el efecto que un eventual aumento de salario mínimo tendría para las empresas y para los precios al consumidor. “El aumento en el salario mínimo hace que también tengas que mover las escalas superiores y el efecto cascada es impresionante”. Eso, en última instancia, termina impactando a los precios de los productos.
Para el empresario, teniendo en cuenta el nivel de desempleo, “el objetivo en este momento debe ser mantener los puestos de trabajo existentes y esos recursos adicionales, que en conjunto pueden significar millones de dólares para los que ya trabajan, usarlos para crear nuevos puestos de trabajo”.
Acuerdo en Aduanas puso fin a la huelga en esta dependencia
Ayer, la Autoridad Nacional de Aduanas (ANA) llegó a un acuerdo con los funcionarios que reclamaban el pago de una bonificación, y con eso llegó a su fin la huelga de un día que puso en apuros al país, como hub logístico, tras paralizarse los trámites que se hacen en ciertas oficinas de esta dependencia.
Las oficinas aduaneras tienen el deber de controlar, vigilar y fiscalizar el ingreso, la salida y el movimiento de las mercancías, personas y medios de transporte por todas las fronteras, puertos y aeropuertos del país. De allí, la necesidad de llegar a un acuerdo con los empleados que exigían el pago de bonos de productividad.
La Cámara de Comercio advirtió el pasado jueves su preocupación por la huelga, que finalmente llegó a su fin, medida que genera pérdidas por $24 millones diarios.
La parálisis en las oficinas aduaneras se dio justo en medio de una pandemia, cuando el comercio interno intenta reanimarse y mientras los importadores enfrentan el alza de costos en los fletes marítimos.

