En los últimos 30 años, América Latina y el Caribe ha experimentado avances significativos en la reducción de la pobreza y el hambre. Sin embargo, aún en los países con mayores progresos hay territorios rurales que se han quedado atrás, lugares que parecen detenidos en el tiempo, donde las personas viven en condiciones sociales que se asemejan a las que había 50 años atrás.
Son territorios olvidados, condenados por simple omisión o por haber sido objeto de políticas que no fueron pertinentes a sus condiciones y necesidades. Según la Comisión Económica para América Latina y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), en 14 países de la región hay casi 2 mil municipios en territorios rezagados, los cuales albergan a casi 46 millones de personas. En la FAO creemos que no hay otro remedio que el desarrollo. Que los millones de hombres y mujeres que viven en estos lugares sean tratados como ciudadanos que tienen derechos inalienables, no es mucho pedir. Ni siquiera se trata de invertir muchísimo dinero más; la clave está en mejorar sustancialmente la calidad de las políticas y los programas dedicados a estos territorios. Ello significa menos clientelismo, mejor focalización y fórmulas de innovación apropiadas a las circunstancias de esos lugares y de su gente.
También implica acercarlos a los mercados y, sobre todo, mucha participación social. Una verdadera participación social que reconozca el valor que posee la gente que habita estos territorios. Después de todo, son mujeres y hombres resilientes que responden si se les da la oportunidad.
Para fomentar esta transformación urgente, en la FAO estamos impulsando la estrategia 100 Territorios Libres de Hambre y Extrema Pobreza.
100 Territorios busca que se dé reconocimiento político real a estos lugares, desarrollando soluciones prácticas, innovadoras y apropiadas, que amplíen las oportunidades económicas de los sujetos que habitan las zonas olvidadas.
100 Territorios trabajará para fortalecer esas sociedades territoriales y ayudar a los gobiernos locales a ser más competentes y eficaces, creando puentes que conecten estos territorios a lo largo de nuestro continente, para que aprendan unos de los otros.
El autor es subdirector general y representante regional de la FAO para América Latina y el Caribe.