Probablemente, es el segundo hombre más poderoso del mundo. Al menos, eso sugiere la revista Time. Si el presidente de Estados Unidos es la persona con más poder sobre la Tierra, quien tiene acceso e influencia sobre él es el número dos.
Encima, esa persona juega con ventaja, porque trabaja desde el atardecer del viernes al atardecer del sábado, cuando su principal rival por el puesto -el cuñado del presidente- ni siquiera enciende la luz sin tomar precauciones para no ofender a Dios -en su caso, Yahvé-.
Se llama Steve Bannon. Tiene 63 años, fue banquero de inversión en Goldman Sachs (la entidad que ha suministrado tres de los cargos más influyentes del gobierno de Trump), jefe de campaña de Donald Trump y, ahora, asesor sénior del presidente. Un currículum impresionante, pero insuficiente para la ambición de Bannon.
Porque él quiere ser Vladimir Ilyich Ulianov, alias Lenin. Así lo ha dicho el propio Steve Bannon, según una publicación del diario El Mundo.
“Lenin quería destruir el Estado, y ese es mi objetivo también. Quiero tirar abajo todo, y destruir toda la ‘casta’ que hay hoy en día”, dijo en 2013 a la web The Daily Beast.
Bannon es el líder del ala ultranacionalista de la Casa Blanca, una familia ideológica que se ha ganado la confianza de Donald Trump. Junto con su número dos, Stephen Miller, él escribió el duro discurso en el que Donald Trump lanzó su mensaje al mundo en su toma de posesión. Su último éxito ha sido inmenso. Bannon, una persona sin experiencia en política exterior y de defensa, ha sido nombrado miembro del Consejo de Seguridad Nacional de EU.
Nadie duda de que Bannon es el principal artífice de la prohibición a los musulmanes de que entren en EU, ni del comunicado de la Casa Blanca conmemorando el Holocausto, en el que se omitía que los judíos fueron las mayores víctimas del nazismo.