Hay que partir de una realidad: no todos los consulados son iguales. O dicho de otro modo, unos recogen más dinero que otros. Hay algunos que incluso gastan más de lo que recaudan. Por ejemplo, en el 2003, el de Sydney, Australia, requirió un presupuesto operativo de 12 mil dólares, pero registró una recaudación bruta de apenas 480 dólares. Otros, como el de Salvador de Bahía, en Brasil, no recogieron un centésimo en todo el año, pero necesitaron 8 mil 400 dólares para operar.
El entusiasmo que despiertan consulados como los arriba mencionados, es prácticamente nulo. De hecho, en el de Salvador de Bahía ni siquiera hay un cónsul nombrado. Eso contrasta con los 64 consulados identificados como de marina mercante. Entre ellos están los de Tokio, Seúl, Manila, Pireos y Londres, que tradicionalmente han sido bendecidos por jugosas recaudaciones. No es de extrañar, entonces, que al frente de estos se pongan a familiares, copartidarios influyentes y allegados. Valga decir que la facultad de nombrar y remover cónsules recae exclusivamente en el Presidente, con alguna participación del ministro de Relaciones Exteriores.
De los 153 consulados que mantiene Panamá operando en el exterior, Tokio es el que más dinero aportó en el 2003: nada menos que 12 millones de dólares o el 21% del total recaudado -56.5 millones de dólares- por todos los consulados juntos. Sin embargo, aparentemente Tokio perdió algo de fuerza en el 2004 y quedó de segundo, después del de Pireos, en Grecia, según las cifras -incompletas- que hasta ahora maneja la Autoridad Marítima de Panamá (Ver gráfica).
Al frente del consulado de Tokio está el doctor Alfredo Martiz Fuentes, que es -a su vez- embajador en Japón (dualidad de funciones que también tenía su antecesor, Raúl Adames De León). Y en Pireos fue nombrado el banquero y también embajador en Grecia, Antonio Fotis Taquis Ochoa, que hasta hace poco hizo las veces de asesor del presidente Martín Torrijos. Taquis remplazó en Grecia al hermano de la ex presidenta Mireya Moscoso, Franklin Hidalgo Moscoso Rodríguez, que adquirió mayor notoriedad no por su decisivo papel en pos de la promoción de Panamá en la comunidad internacional, sino por haber comprado -en "acto público" -la casona de Punta Mala, por la módica suma de 641 mil 342 dólares-.
En otro consulado japonés, el de Kobe, fue nombrado Juan Antonio Suárez, que remplaza así a Plutarco Arrocha.
El abogado Juan Felipe Pitty, por su parte, fue nombrado cónsul general en Manila, Filipinas, mientras que Liliana Fernández -sobrina de Vivian de Torrijos- está al frente del consulado en Londres. En tanto que Julio Mock, ex ministro de Obras Públicas durante la dictadura militar, remplazó a José Antonio Domínguez, hijo del arnulfista Antonio Domínguez, en la Embajada en Taiwan y el consulado de Taipei, mientras que en Singapur fue nombrada Arleen Sucre, hija del ex vicepresidente Arturo Sucre.
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