La consolidación del eje China-Rusia ha generado un real desafío a la hegemonía mundial que los Estados Unidos de América mantuvo por poco más de medio siglo. El potencial conflicto este- oeste arrastraría al mundo a otra ola de incertidumbre cuando apenas tratamos de recuperarnos de una pandemia desgarradora. ¿Cómo hacer sentido de una situación socio demográfica que a todas luces se presenta con matices de irracionalidad? Quizás hay que ubicarse en el contexto mental del irrepetible Winston Churchill cuando describió a Rusia como “un acertijo, envuelto en misterio, dentro de un enigma”.
Y si para Churchill Rusia era un acertijo, Panamá no deja de representar un misterio que sacude la cotidianidad de 4 millones de personas generando ansiedades y anhelos. Hace algunos días me obligué a escuchar dos veces a Mauricio Claver-Carone cuando hizo referencia al exitoso modelo económico panameño como parte de un encuentro regional que expuso las bondades del país. Con una hoja de vida repleta de éxitos profesionales, el señor Claver-Carone es la máxima figura del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), un conocedor de los múltiples temas que agobian a una de las regiones más pobres del planeta. Y quizás por ello me dejó algo confundido la efusividad con la que se expresó de Panamá incluso señalando que este país nuestro no era un problema para el BID por el pujante crecimiento económico que hemos reportado por décadas.
El misterio panameño de ser el país más rico de la región pero tener que apelar a la colaboración del sector privado para pintar y arreglar los sanitarios de escuelas tiene que incomodarnos al punto de rechazar la falsa comodidad que puedan generar comentarios de calificadoras de riesgo o de analistas internacionales. Enfocarnos en la mejora de los resultados macroeconómicos de crecimiento sin progreso social está escondiendo la rampante desigualdad que profundiza brechas hasta en acceso a servicios básicos, vitales para la calidad de vida que anhelamos y el bienestar de un pueblo que hoy recibe migajas del clientelismo. El enigma no deja de ahogar a la clase media que reduce su capacidad de ahorro todos los días sin que haya espacio para la mejora de salarios ni hablar de la ausencia de inversión necesaria para crear empleos.
Me costó terminar de escuchar por segunda vez al jefe del BID. Me aturdió aún más releer la opinión de la calificadora Fitch sobre Panamá. Es que para resolver algunos de los más serios problemas que enfrentamos tenemos que profundizar en temas con un alto componente estructural que pocos quieren afrontar porque requieren reformas que atentan contra el modus operandi de décadas repletas de esfuerzos fallidos. El despertar que el país necesita pasa por una revolución de métricas, de innovación, de hablar más de empresas con impacto social, de indicadores que midan el compromiso de todos con el medio ambiente, con el manejo de desechos sólidos, con el respeto a derechos humanos de niños, de adolescentes, de personas que piensen o sean diferentes. El acertijo se descifra con voluntad. El enigma se replantea con sentido de urgencia por no dejar al más vulnerable atrás. El misterio se desempaca con amor real por la patria y sus conciudadanos.
El autor es economista.

