A él se le había metido entre ceja y ceja que si había podido construir un canal marítimo sobre un extenso desierto en Egipto, no debería ser obstáculo construir otro sobre Panamá.
Pero una cosa es un desierto y otra es una selva tropical. Después de haber enviado a exploradores a constatar sobre el terreno las posibilidad de la obra, obtuvo con la República de Colombia los tratados comerciales y diplomáticos adecuados.
Luego, Lesseps citó a un bien nutrido congreso de expertos en París, en donde logró, a pesar de fuertes y lógicos argumentos en contra, imponer la idea de tratar de construir un canal a nivel. Por esa terquedad, y por no oír voces autorizadas, aquí quedaron enterrados centenares de millones de francos (la moneda francesa), más decenas de miles de vidas de técnicos y trabajadores. Hasta nueve mil hombres aparecían en las últimas planillas de la Cía. Francesa del Canal.
El mismo Lesseps vino a inaugurar las obras y hasta eso constituyó un enorme fracaso. A causa de la marea baja no pudo llegar a tiempo al sitio escogido para la apertura del trabajo, y tuvo que utilizar a una de sus pequeñas hijas, para que sobre una caja vacía de botellas de champaña se colocara arena, que sirvió para tirar la primera palada, todo lo cual constituyó la inauguración de las obras del Canal.
En fin, que fueron muchas las causas (terquedad, ausencia de saneamiento adecuado, gastos repetidos y excesivos, coimas, malas influencias, especulación, etc.) las que se encargaron del fracaso tan costoso y colosal.
