LOS CONGOS DE PORTOBELO. TRADICIÓN QUE NUNCA MUERE.

El grito de los cimarrones

Eran esclavos fugitivos que se comunicaban con sus hermanos cautivos mediante el uso del tambor. Hoy, la festividad provoca sentimientos encontrados: horror, ternura, ira y felicidad, pero también controversia.

El grito de los cimarrones
La reina conga danza junto con otros personajes el baile de "El diablo Tun Tun", durante el IV Festival de Diablos y Congos realizado en Portobelo el sábado 19 de febrero.

El uso de los tambores en la costa atlántica de Panamá tiene múltiples orígenes y varía de acuerdo con la región que se seleccione y el historiador que se consulte. Pero, sin duda, una de las historias más ricas e interesantes tiene que ver con los congos de Portobelo, en Colón, que se remonta a la colonización española y la llegada de los esclavos al continente.

Cuenta el historiador colonense Apalonio Acosta que cuando los negros pisaron suelo istmeño llegó también una "nueva estructura cultural, llena de ritmo y sensualidad, pues aquellos hombres y mujeres llevaban la música del tambor en la sangre y la usaron como medio de expresión".

Con el avance de las colonias, sin embargo, algunos de los esclavos, provenientes en su mayoría de las naciones africanas Guinea y Congo, se sublevaron y una vez libres en la selva caribeña comenzaron a utilizar los tambores para comunicarse con sus hermanos en cautiverio. Se les conoció como cimarrones: esclavos prófugos y rebeldes.

Otra arista de la historia, contada por Krishna de Menacho, folclorista y ex directora regional del INAC, refiere que los negros esclavos y cimarrones lograban reunirse ocasionalmente en palenques (palacio o rancho) y allí realizaban sus danzas o juegos congos, en los que a través de la música y el baile recordaban sus orígenes, exteriorizaban su solidaridad, su nostalgia y principalmente su odio hacia el blanco opresor.

"También era una manera de burlarse de la estructura eclesiástica de la época, que les decía que si no obedecían al amo se los llevaría el diablo. De allí la personificación de las ánimas y del maligno en el bautizo congo", relata Menacho.

Y es que, reducidos por la esclavitud, los negros de aquella época se inventaban cualquier mecanismo para poder comunicarse. Incluso, algunos grupos saludaban con los pies y hablaban al revés o en revecina, una mezcla de francés, portugués y castellano, tradición que sobrevive hasta nuestros días.

Los congos de Portobelo

Se trata de una de las manifestaciones folclóricas más distintivas y coloridas de la provincia de Colón, que con su alegría y su rítmico tambor ha logrado proyección internacional.

El baile congo tiene un gran valor histórico para el desarrollo de la cultura afro panameña, sobre todo en la costa atlántica y particularmente en la histórica población de Portobelo, conocida como la cuna de esta tradición.

Hoy, los vestidos de los congos están llenos de colorido, lo que representa la belleza de la naturaleza.

Las mujeres utilizan una pollera de dos piezas, camisa con arandina y un pollerón hecho de retazos, además de flores en la cabeza y collares de cuencas o caracoles. La reina, entretanto, se diferencia con una corona hecha de latón y otros materiales llamativos.

Los hombres utilizan la ropa al revés, sombrero de estopa de coco adornado con plumas, conchas, espejos o cuencas, y se pintan la cara con carbón en símbolo de rebeldía. El rey o Juan de Dios usa una corona más pequeña que la de la reina.

Personajes

El congo se realiza descalzo, por la relación del negro con la tierra. Los personajes principales son la reina, el rey o Juan de Dios, el pajarito y las mininas; mientras que las ánimas, el diablo, el holandés o el gallego, que simbolizan la lucha permanente entre el bien y el mal, son los secundarios.

El pajarito, pintado con carbón, usa sombrero de estopa de coco y plumas, lleva una muñeca a la espalda y suena incansablemente un pito que a todos ensordece.

El diablo, por su lado, aparece cuando cantan la tonada del "diablo Tun Tun". Es cazado por los ángeles para ser bautizado, lo que causa una gran corredera entre la concurrencia.

"Se trata de un espectáculo lleno de terror y hermosura", explica Fernando Walcot, diablo mayor de Nombre de Dios.

También hay diablos pequeños y diablas; jóvenes que personifican ángeles y ángeles con ropas de sacerdote, que realizan el ritual del bautismo,

Y entrada la noche, tanto congos como diablos se quitan el disfraz, pero la fiesta perdura en la tierra de Portobelo.

Mil diablos bailando juntos en el palenque

En medio de un paradisiaco ambiente caribeño, el sábado pasado se realizó el IV Festival de Diablos y Congos "Portobelo 2005".

Cerca de 1000 diablos y más de 10 agrupaciones folclóricas se congregaron en las ruinas del Fuerte de San Jerónimo para revivir el pasado.

Pero hoy, el festival causa controversia. Ernesto Polanco, del INAC, sostiene que el evento debe realizarse a partir del 19 de enero, víspera de San Sebastián, y terminar el Miércoles de Ceniza, fecha después de la cual se hacen los bautizos de diablos.

Los organizadores, entre estos la fotógrafa Sandra Eleta y Roberto King, dicen que solo se busca rescatar y resaltar las tradiciones.

El sociólogo Raúl Leis, entre tanto, piensa que si bien es cierto la actividad sale de la época, solo es un festival que busca concentrar a todos en un nuevo momento.


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