Parece inverosímil, pero en Panamá tenemos un serio y creciente problema con niñas y adolescentes embarazadas porque los gobiernos se hacen eco de fanatismos y absurdos dogmas que impiden que nuestra juventud reciba una adecuada educación sexual. Así, ante la mirada indolente de funcionarios y padres de familia, cada año, miles de adolescentes ven discurrir en su ignorancia su futuro y, seguramente, el del bebé que está en camino. ¿Qué puede hacer una adolescente sin educación para alimentar a un bebé en brazos? ¿Qué puede hacer para garantizarle un futuro promisorio? ¿De dónde saldrá el sustento de madre e hijo? El círculo de pobreza –que los gobiernos pretenden combatir con subsidios– se agranda y profundiza con cada adolescente embarazada. Esta realidad es la más pura expresión de hipocresía. Ningún subsidio repara el daño de una infancia robada ni compensa las ilusiones que se dejan atrás frente a un embarazo no planificado. Los gobiernos son responsables de que nuestra juventud tenga la oportunidad de salir adelante, incluso, por encima de una irresponsabilidad colectiva que les niega su derecho al acceso a una educación que les garantice su derecho de tomar decisiones informadas.
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01 mar 2020 - 05:00 AM
