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Hoy por hoy

La Autoridad del Canal de Panamá ha tomado medidas heroicas para gestionar con eficiencia el agua disponible para las operaciones de la vía. Estas acciones son apenas un paliativo para esta amenaza grave al funcionamiento del Canal y, por supuesto, a la competitividad de la economía panameña. Si los barcos que transitan llevan menos carga, o no se puede garantizar el calado suficiente para cruzar el Canal, el país pierde confianza y reputación internacional. Al mundo entero le quedaría claro que Panamá no es capaz de gestionar el agua necesaria para esta actividad. Panamá tiene una historia de negligencia e indiferencia frente a los temas ambientales que, como el cambio climático y la deforestación, ahora pasan una costosa factura. La crisis del agua que enfrenta la agricultura, la industria, el turismo, el Canal y, por supuesto, el consumo humano, requiere con urgencia una acción estatal decidida, quizás con igual intensidad que la respuesta al coronavirus. Si no garantizamos la disponibilidad de agua en calidad y cantidad suficiente para nuestras necesidades presentes y futuras, perderemos el país por la ignominia y la ignorancia. Esta tarea es vital y requiere de decisiones inmediatas.