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El crucero Zaandam tiene más de mil 800 personas a bordo en las aguas panameñas, pero estas no pueden desembarcar porque son un riesgo para la salud. Tampoco pueden cruzar el Canal hacia un puerto seguro, porque el Ministerio de Salud lo prohibió debido a la amenaza de contagio del Covid-19. Panamá es el país con la marina mercante más grande del mundo. Además, tiene un canal artificial por el que cruza el 6% del comercio mundial. Como parte de su estrategia marítima-turística, el país cuenta con dos puertos de cruceros, uno en cada costa. Nada de esto importa a la hora de tomar una decisión sanitaria. El riesgo de contagio y la posibilidad de que nuestras instalaciones de salud se vean copadas por un posible desembarco, representa un enorme dilema ético. La muerte en el crucero de al menos cuatro pasajeros revela lo grave de esta situación. Aunque la empresa naviera responsable se encargue del traslado y cuarentena de pasajeros y tripulantes, siempre quedará la duda de si Panamá pudo hacer mucho más. Este es un riesgo recurrente que vamos a enfrentar si pretendemos ser líderes del mundo marítimo.