Los desafíos de la pandemia en la vida cotidiana han despertado un sentimiento de solidaridad. Desconocidos colaboran o donan su tiempo, o su dinero, para contribuir a que el hambre y la necesidad sean mitigados en los hogares de familias vulnerables. El sector sindical y la empresa privada han podido alcanzar acuerdos para el teletrabajo, la suspensión de contratos y la reducción de jornadas. La gran mayoría de los panameños estamos poniendo nuestro grano de arena para aliviar el dolor y la carencia. Pero la crisis sanitaria también sacó a flote algunas muestras de aprovechamiento injusto de las iniciativas y programas pensados para la atención de los mas necesitados. No hay duda que habrá funcionarios con poder adquisitivo limitado, pero en esta pandemia, las necesidades se miden de otra manera: los bonos y bolsas de alimentos son para aquellos que, por razón de la pandemia, no tiene salario u otros ingresos. Esos son los necesitados de nuestros tiempos, y el Estado, hasta ahora, no ha suspendido el contrato a nadie. El juega vivo nos envenena a todos y daña la confianza esencial para la solidaridad. El país de mañana debe ser mejor que el que dejamos en febrero, lleno de juego limpio.
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24 abr 2020 - 03:16 AM
