La Asamblea Nacional concluyó su primer año de sesiones ordinarias del quinquenio 2019-2024. Las promesas de más transparencia e integridad son ya un recuerdo lejano. Esta Asamblea estrenó más diputados primerizos que ninguna otra y se vio acompañada de una vigorosa bancada independiente, pero los resultados y las formas de hacer leyes siguieron empeorando. El fiasco de las reformas constitucionales se ahogó en la vergonzosa destitución del defensor del Pueblo, cuyo reemplazo formal sigue pendiente; una destitución –o ejecución in situ– que provocó carcajadas triunfales, que más tarde se transformaron en muecas judiciales. La bancada mayoritaria y, por ende, el gobierno nacional, son rehenes de un puñado de diputados mercenarios, que entre la neblina del populismo transan con el mejor postor. Los grandes temas nacionales no tienen espacio para ser debatidos en el parlamento, a menos que haya partidas o planillas disponibles. La respuesta de la Asamblea ante la pandemia ha mostrado el peor rostro de la ambición de diputados que carecen de Dios y ley. Lástima que el asueto que les corresponde sea de solo dos meses.
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01 may 2020 - 05:00 AM