Hay señales inequívocas que llevan a concluir que existe un pacto no escrito para neutralizar las acciones del Ministerio Público en los casos de alto perfil. Los hechos se han desencadenado a partir del momento en que el actual Procurador tomó posesión del cargo, en enero pasado. Los casos se han estacando; la rotaciones de fiscales carecen de sentido práctico; los equipos de defensa de los acusados aflojan en su gestión a favor de sus clientes, incluyendo el retiro de recursos que tenían la intención de dilatar sus procesos. Una a una, cada pieza empieza a caer en el lugar exacto. Para cuando termine de armarse el rompecabezas, seremos el hazmerreír del continente, con casos sólidos, documentados y probados que terminarán en la vergonzosa, pero tradicional impunidad. Con todo, hay quienes se rasgan las vestidura clamando justicia porque Panamá no sale de las listas negras. Pero, al mismo tiempo, no renunciamos a la más rampante corrupción en los tres órganos del Estado. Con autoridades genuflexas, estaremos condenados a vivir enfermos por la pandemia de la corrupción.
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01 jun 2020 - 03:18 AM
