Alas para un fugitivo. Antes de que Panamá cerrara sus fronteras a causa de la Covid-19 no había restricción alguna para que sus nacionales volvieran voluntariamente al país, incluyendo a quienes tuvieran deudas pendientes con la justicia. Ahora resulta que un prófugo alega razones humanitarias para volver, pese a que tuvo oportunidad de hacerlo por cinco años. Prefirió huir que enfrentar sus procesos legales, tal y como aprendió en casa. Y ahora es prófugo aquí y prófugo allá, porque se escapó del país donde ha vivido todos estos años. Detrás de la inocente solicitud de autorización de un vuelo humanitario hay un lío diplomático en el que incluso está involucrado un tercer país, aquel donde el fugitivo esta varado desde hace una semana. Sus antiguos anfitriones no quedaron contentos, no solo por la huida, sino por los asuntos legales que quedaron inconclusos. Los cambios de domicilio lo que persiguen, una vez más, es la impunidad. Advertidas están las autoridades panameñas que, sabiendo de la jugarreta, se presten para la charada. Su complicidad causaría que las autoridades extranjeras pierdan alcance sobre el peticionario, pues nuestra Constitución prohíbe la extradición de sus nacionales. Acá, obviamente, se arroparán en el Parlacen. Ojo, pues el precio de complacer a prófugos puede que no les resulte buen negocio.
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29 jun 2020 - 02:48 AM
