Vivimos tiempos extraordinarios en los que los principios de organización de nuestra sociedad contemporánea han sido sacudidos en sus cimientos. Uno de los referentes de la economía panameña por casi medio siglo es una regulación compleja de las relaciones laborales en el país. Ese sistema ayudó a crear una gran informalidad y exclusión de grupos vulnerables, porque se hizo muy costoso generar y mantener un empleo. La pandemia causó la suspensión o modificación de casi 300 mil contratos de trabajo. Ante la coyuntura que enfrenta Panamá, se necesita un marco regulatorio interino que ayude a todos para la recuperación de empleos y la generación de nuevos puestos de trabajo. Sin colaboradores no puede haber empresa, pero sin el desarrollo del capital no hay trabajo. Toca reconstruir un país que ha perdido competitividad, que tiene servicios públicos caros e ineficientes, con una educación rezagada y un sistema de justicia poco confiable. La ortodoxia y el dogmatismo suenan bien para la gradería, pero no le van a dar oportunidad a los panameños de salir de la pobreza, ni a la economía de alcanzar su potencial.
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23 jul 2020 - 05:10 AM
