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Como si se tratara de un caso más en el Sistema Penal Acusatorio, la justicia panameña ventila un proceso sobre el tráfico de influencias para obtener fallos favorables en la Corte Suprema de Justicia. En un caso en el que supuestamente hay quien paga por los fallos, y existen intermediarios, brilla por su ausencia el firmante de los fallos. Este juicio promete revelar mucho sobre la forma tan poco discreta como se hace justicia en nombre de la República. Desde el retorno de la democracia, el cáncer de la corrupción del sistema judicial ha sido una constante. Las declaraciones y testimonios que surjan en este proceso, una vez validadas, deben servir para liderar una limpieza total del Órgano Judicial y de la profesión legal. Es inaceptable que hacer “todo lo posible” por el cliente, signifique la destrucción de instituciones, y el reparto de sobres cargados de impunidad a diestra y siniestra. Todos debemos estar pendientes de que se llegue al fondo en este caso. Este debe ser el comienzo del fin.