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Hoy por hoy

La fortaleza de la economía panameña recae sobre la capacidad de trabajo de la población del país, y el músculo financiero de la banca, que oxigena a las actividades que se realizan aquí. Como se ha dicho hasta la saciedad, Panamá no tiene una banca central que actúe como prestamista de último recurso, o que sirva de paracaídas financiero. Esta realidad ha obligado a nuestra industria bancaria, como lo reconoce la Superintendencia de Bancos de Panamá, a tomar previsiones ante los posibles incumplimientos de los préstamos por parte de los clientes afectados por la pandemia, y la suspensión de contratos laborales. Cada centavo que un banco agrega a la reserva de cuentas incobrables, es dinero que se le resta a la economía, y por ende, a la reactivación. Es una lástima que en una coyuntura tan delicada, existan “juegavivos” que quieran aprovecharse de las moratorias bancarias a pesar de que mantienen una saludable situación financiera. ¿Qué pasará el 1 de enero de 2021, cuando se acabe la moratoria? Esa incertidumbre debe obligarnos a ser más responsables y cuidar aún más a la banca que tenemos.