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Hoy por hoy

Estados Unidos y Panamá han constituido una Fuerza de Tarea contra el lavado de dinero y la corrupción. El esfuerzo busca capacitar y asesorar a los fiscales, investigadores, reguladores y otros actores claves para mejorar la respuesta en el combate de dos delitos muy serios. Con la ayuda del Buró Federal de Investigaciones (FBI), Panamá tiene una oportunidad de cambiar, para bien, la trayectoria de la justicia penal y la supervisión financiera. Aunque estas medidas están destinadas al cumplimiento de los compromisos con el Grupo de Acción Financiera Internacional, los grandes ganadores seremos los panameños. Los sobornos para obtener contratos públicos, el ocultamiento de dinero sucio y la existencia de redes organizadas que facilitan estas conductas son el enemigo que busca combatir la Fuerza de Tarea. Esta iniciativa fortalece nuestra soberanía ante el crimen organizado y el narcotráfico. Solo así, evitaremos el camino rocoso de un Estado fallido. La clase política, los jueces y los fiscales corruptos debe entender que ya pasaron las épocas de impunidad. Es hora de un sistema que garantice la certeza del castigo. Caiga quien caiga.