Hace un año, la Contraloría de la República remitió al Ministerio Público un camión cargado de documentos sobre otro de los escándalos de corrupción que azotó al país:el caso de las planillas de la Asamblea Nacional. Se trataba de 174 tomos de auditorías referentes a 14 mil personas y de por lo menos 113 millones de dólares de fondos de todos los panameños que fueron gestionados negligentemente y de forma corrupta. El meollo del caso es la forma en que funciona los gobiernos: a punta de partidas de contratos y donaciones, el Ejecutivo cimentó su alianza de gobernabilidad, y los diputados obtuvieron fondos ilimitados para sus campañas y otros propósitos. En el bizarro mundo de la jurisprudencia panameña se ha insistido en que los peculados debían ser probados con una auditoría de la Contraloría. En este caso abundan auditorías, pero la justicia, una vez más,le da la espalda al país. Así, se llenan de polvo y telaraña y avanzan con lentitud las investigaciones de las planillas cash back, los contratos fantasmas y las donaciones ficticias. Mientras, esa forma corrupta de gestionar el poder público persista, el futuro de esta República seguirá en la cuerda floja, entre la impunidad y el abismo de la desesperanza.
Exclusivo
Hoy por hoy
23 ago 2020 - 05:00 AM
