Algunos agentes de la Policía Nacional, abusando del poder que les da el cargo, han agredido física y verbalmente –sin mediar motivos– a ciudadanos que no cometían delito alguno, ni siquiera violando los decretos emanados al calor de la pandemia, esos que, en cambio, sí han sido violentados no solo por autoridades, sino por sus propios autores. Las medidas disciplinarias que adopta la institución no van acorde con el daño infringido. Y el director de la Policía Nacional, en vez de dar un ejemplo, sale a justificarlos con un discurso que solo transmite frivolidad ante hechos tan graves. Mientras él nos asegura que la Policía respeta los derechos humanos, somos testigos de cómo algunos agentes bajo su mando hacen lo contrario y, encima, no hay consecuencia para sus abusos. Su falta de carácter –o su complacencia– destruye lo que hacen sus buenos funcionarios que, en términos generales, han hecho un trabajo extraordinario para contener la pandemia. Muchos agentes han tratado de hacer más llevadero el confinamiento, exponiendo su vida, incluso, enfermándose, en cuyos casos, muchos perdieron la batalla. El jefe de la Policía debe honrarlos con acciones ejemplares, no con palabras carentes de verdad.
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07 sep 2020 - 05:00 AM