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Hoy por hoy

Por más que lo niegue el Presidente de la República, en su gobierno hay intocables, a pesar de que estos lo dejan a él tan mal que su credibilidad ha sido minada y, por ellos mismos, siendo sus subalternos. Para colmo de males, es perceptible la falta de capacidad gubernamental para enfrentar la crisis que se nos avecina con el desempleo que nos dejará la pandemia (el 25%). Y pese a la difícil situación que enfrentaremos, las prioridades del gobierno son un chiste de esos de los que nadie ríe, salvo el que los dice. Nunca antes ha sido tan necesario un verdadero liderazgo, pero los que conducen las riendas de la cosa pública están más preocupados por cobrar su quincena –y los negocios en los que están metidos– que en propiciar las condiciones que harán falta para recobrar los niveles de crecimiento que teníamos. La política está muy por encima de las necesidades técnicas. Una enorme cantidad de empleados responde al pago de favores electorales. Y así vemos sujetos sin preparación alguna –pero amigo o familiar de algún cargo público– echarse a los bolsillos miles le dólares por vigilar que sus compañeros le den “like” a las publicaciones del jefe. ¿Cuándo... cuándo pondrán los pies en la tierra?