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Hoy por hoy

Lo ocurrido el miércoles en las jornadas de vacunación no es para sorprenderse. Lo asombroso es que sucedió nada menos que en la primera ronda de inmunización, arrebatándole al personal médico que atiende directamente a los pacientes de la Covid-19 la oportunidad de sobrevivir en caso de contagio. Lo que hicieron no solo es un acto gravísimo contra la vida de ese personal, sino que es una acción despreciable e inhumana. Esas vacunas hacen la diferencia entre la vida y la muerte de pacientes, médicos, enfermeras y técnicos que arriesgan su vida a diario, tanto en hospitales públicos como privados. Y, precisamente, es necesario y urgente incluir a estos últimos entre los primeros en ser vacunados, pues ellos también exponen su vida cada día, al tiempo que aligeran el peso de los casos que atiende el sector oficial. Todos los que no debieron ser vacunados –y que ahora están entre los primeros que recibirán la segunda dosis de la vacuna– deben ser destituidos de sus cargos, sin excepción ni miramientos, no solo por la bribonada de violar procedimientos, sino por ruines y bellacos y, sobre todo, por maleantes, porque si de esto han sido capaces, nada bueno podemos esperar de ellos.