El Ministerio de Cultura (MiCultura) ha rendido un informe de gestión que sorprende. Si bien es plausible que haya generado trabajo para artistas nacionales en medio de la pandemia, lo cierto es que también decidió otorgar contratos –unos directos, otros en concurso– para gastos innecesarios y hasta superfluos, ya que todo mundo sabe que el país necesita cada centavo y es imperdonable el despilfarro. El nivel de irresponsabilidad de MiCultura, en este caso en particular, y del Gobierno, en general, es preocupante, porque los funcionarios no parecen entender la situación económica que sufre el país. El ministro de Cultura, incluso, llegó a ofender a periodistas y medios, que no hacen más que cumplir su labor de servir de contrapeso a los poderes constituidos, por lo que les asiste el derecho de cuestionar sobre el uso de recursos del Estado que –entiéndase bien– no son peculios del ministro, sino de todos los panameños y, en consecuencia, el deber de este funcionario es rendir cuentas sobre su uso. La cultura es parte de nuestra identidad, es la expresión de lo que somos y el ministro de la cartera en cuestión está muy lejos de representarnos como panameños preocupados por el futuro de este país.
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05 feb 2021 - 05:02 AM