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Finalmente, el presidente de la República se pronunció sobre los abusos en los albergues subsidiados por la Senniaf. Le tomó más de una semana reaccionar, aunque el escándalo data de meses atrás. Su reacción se resume a una expresión de indignación; a un llamado para que los culpables sean castigados ,y a un decreto que refuerza las facultades de fiscalización de la Senniaf. Este pronunciamiento pudo haberlo hecho apenas se dio a conocer el informe de la subcomisión investigadora de la Asamblea Nacional. Pero, como siempre, el Gobierno, personeros y voceros reaccionan, porque iniciativa no tienen, solo para tratar de vendernos el espejismo de que todo está bajo control. Pero ha sido por presión de los medios y de la población que ha habido reacción, pues de otra manera nada, pero nada, hubiesen dicho. Prueba de ello es que trabajadoras sociales de la entidad, cuando informaron de los abusos, fueron despedidas. Es decir, la Senniaf tapó el escándalo y no hizo nada. El presidente ahora les da su apoyo, a la vez que les pidió que se constituyeran en querellantes. Resulta que ahora estos funcionarios quieren hacerse pasar por víctimas también. El colmo del descaro.