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Los problemas en la Secretaría Nacional de Niñez, Adolescencia y Familia (Senniaf) siguen sorprendiéndonos. En una carta que la directora que acaba de renunciar hizo llegar el pasado 1 de marzo a la presidenta de la junta directiva de la Senniaf, la ministra María Inés Castillo, le enumeró una serie de problemas que encontró al asumir el cargo y destaca que para la fecha de su carta, no se había encontrado un registro en el que se especificara “de manera corroborable y en tiempo real la identidad de los menores de edad que se encuentran albergados”. Si no es por la gravedad de los hechos, uno se preguntaría si no es broma. ¿Qué hacían las directoras anteriores para ordenar la casa? La situación de acefalía de la Senniaf es imperdonable y ciertamente merece una seria investigación de parte de las autoridades, y no solo por los hechos ocurridos, sino también por todas las omisiones que se han descubierto ahora. Panamá entera está conmocionada por los hechos que sabemos hasta ahora, pero seguramente hay mucho más que buscar. El Gobierno se ha hecho cómplice de terribles daños a niños y adolescentes y ahora está obligado a solucionarlos cuanto antes. Es lo menos que esperamos.